
¿ Europa vuelve a creer?



La fiesta del Corpus,
la fiesta del Cuerpo,
el cuerpo de Cristo
presente y entero
en copa de alianza
y en pan de alimento:
pan de los espíritus
y pan de los cuerpos.
Qué alegría cósmica,
qué estremecimiento
que el cuerpo de Cristo,
curioso y viajero,
recorra las calles,
visite los pueblos,
como en Galilea
antes de ser muerto.
Que el cuerpo de Cristo,
activo y discreto
se muestre a los hombres
cercano y concreto.
El cuerpo y la sangre
son su ser completo,
que viene a nosotros,
amigo fraterno,
hecho pan y vino,
tiempo-espacio hecho.
Que lo sepan todos,
que estén todos ciertos
que el Corpus nos trae
luz para el misterio.
Cristo quiso un día
seguir siendo nuestro
y eligió lo más
vivo y verdadero:
lo que da la vida
lo que da el sustento.




Todos los versos, el Verso, el activo
venenoso, altisina la mortal,
relajante jarir
que por dentro me quema,
lo que de juventud aún queda en mi sangre,
la entrada en cautiverio.
Lo único que tengo,
qué más puedo pedir,
la única esperanza de explicarme,
sit
tibi
terra
levis -decían los Antiguos
y que la vida valga sólo por el Placer,
sea fuego en el fuego.

Yo era una ciudad libre
un espacio de sol debajo de la hierba
una expansión de goces
ocultos en mi oscura luna
Yo era la sonrisa del fuego
en los glaciares
alcancé el límite de tu piel
y navegué más a fondo
era luz en las negritudes del alma
Ahora soy viento de piedra
inmóvil
en el claustro de las estridencias.


