El 11 de noviembre de 1899 escribe el popular novelista asturiano Armando Palacio Valdés una carta a un primo suyo, publicada por la historiadora Guadalupe Gómez-Ferrer Morant. En ella le da cuenta don Armando de su segundo matrimonio en la iglesia de los Jérónimos de Madrid, y sobre todo de la revolución de ideas y sentimientos -antes la llamaban conversión, dice con sorna- que se ha operado en él. Harto de ciencia y de filosofía, que no le daban ni felicidad, ni certidumbre ni sosiego, se ha convertido al cristianismo. No lo ha hecho ni por miedo, ni por dolor doméstico ni por quebranto de hacienda, sino de una manera espontánea y casi milagrosa. El último espolazo para meterme dentro del cristianismo -escribe el autor de La Hermana San Sulpicio- me lo dio Federico Nietzsche. Al leer aquello de «en adelante el aplastar al débil ya no será un pecado, sino un deber», mi corazón estalló de indignación, me postré delante del Crucificado y le besé lleno de amor los pies. Estoy satisfecho y tranquilo, y espero que Dios me dará la misma tranquilidad hasta la muerte.
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Romulo Murri
Leo una antigua biografía de aquel político y eclesiástico italiano, propulsor del movimiento de la democracia cristiana, Liga Democrática Nacional, condenada por Pío X (1906); fundador de varias obras culturales; excomulgado por modernista. No parece que hubiera en él desviación alguna de la fe, al menos antes de su condena, aunque sí, segun el autor, errores prácticos y radicalismos inadmisibles por su parte. Su libro La política clerical y la democracia fue traducido al español en 1911. De él me interesa sobre todo la actitud de Murri contra la utilización de la fe como instrumento de poder y su lucha contra la confusión de religion y política para valerse del Estado con fines antieclesiasticos y antirreligiosos, y de la Iglesia con fines políticos, así como su denuncia firme e inteligente del estrecho acuerdo político entre los co-interesados en la conservación de dos fuerzas de dominio, política la una y político-eclesiástica la otra, que impiden el desarrollo de las genuinas fuerzas de la democracia y la cultura.
Maduros y profesionales
Se van de la política los ex ministros maduros y buenos profesionales, algunos de ellos indepedientes. Con Solbes, que ha anunciado hoy su salida, ya van tres en unos pocos días. Y se anuncian nuevas fugas. Están perdidos en sus escaños. No saben qué hacer. No les quieren. Nos les dan papel. Los trajo o los encumbró el presidente cuando le hacían falta. No fueron bien vistos por las bases, aunque les aplaudieran de oficio. Lo peor de todo es que quienes les sutituyen, generalmente más jóvenes y menos conocidos, no son mejores, sino más dóciles, más gregarios. Ya lo dijeron Leguina, Peces Barba o Guerra: el presidente no quiere mayores, veteranos: viejos para él. La experiencia la tiene él solo, y lo demás, como ya lo vimos, es cosa de cada momento, de la relación de fuerzas en cada instante. ¿Para qué más?
Referéndums
Pues ahora ya sabemos lo que hay que hacer. Cada vez que un grupo de ciudadanos quiera aunque sea inconstituccional o ilegal, puede hacer un referéndum en un centro social no oficial y luego servirse de los resultados, que casi siempe serán positivos, para hacer frente a la Constitución, a la ley o a la ordenanza que sea. Ab uno disce omnes. Lo que se ha hecho en Arenys de Munt, con la ayuda, complicidad, aquiescencia o cobardía de muchos políticos, puede hacerse y se hará en otros muchos. Así estaremos todavía más divididos, más separados, más in-dependientes. Y, como allternativa, ¡una marcha de falangistas!– Hoy, 13 de septiembre, día en que el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, se pronunció en Barcelona (1923), con la colaboración y el entusiasmo de los catalanistas de la Lliga, con el fin, entre otros, de acabar con el pistolerismo, la matanza, y el desvivir cotidiano en la ciudad condal y en toda la región.
Queremos un Estado
Som una nació. Volem un Estat. Así corearon ayer unas 15.000 persons en Barcelona en una manifestación, encabezada entre otros por Joan Laporta, presidente del Barça. Asi que para eso querían que en el texto del Estatut, aunque fuera en el preámbulo, se dijera que Cataluña es una nación (política). Todo aquello de que España es una nación de naciones, etc., buscaba sólo eso. Y Alfonso Guerra, presidente de la comisión constitucional, y los ministros Caamaño y Rubalcaba, sin enterarse. Y el presidente Montilla -a quien los obreros parados, muchos de su tierra, le llamaron facha, inútil y pasota- y Durán i Lleida, y cuantos votaron la Constitución española todavía no se han enterado tampoco, al parecer, de qué es un Estado democrático y autonómico, de qué son las Cortes, los parlamentos autonómicos y de qué es un Tribunal Constitucional, y quieren seguir erre que erre con el Estatuto, mal preparado y poco votado ,diga lo que diga la sentencia.-Muchos de los que queremos mucho a Cataluña y algo hemos hecho en todas partes, incluso en el Parlamento Europeo, en favor de la lengua catalana y de Cataluña, sentimos (vivimos) una pena grande. Me tiembla la Creu de Sant Jordi. La Diada ha sido, y este año más, para muchos de nosotros un Día muy triste.
Diada catalana
Hoy se celebra en Cataluña el Día de la Comunidad en torno al monumento a Rafael Casanova: día de la derrota de los partidarios del Archiduque Carlos de Austria por las tropas de Felipe V de Borbón, nieto del rey sol. Una lucha, como se ve, por la sucesión en la corona de España, en la llamada Guerra de Sucesión. Felipe V perdonó a Casanova, que murió a los 83 años en su casa de Sant Boi de Llobregat. Rafael Casanova mandó pregonar, el 11 de septiembre de 1714, un bando en que decía: Se confía en que todos, como verdaderos hijos de la Patria,amantes de la libertad, acudan a los lugares señalados, a fin de derramar su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y la libertad de toda España. Bona festa, Catalunya!
Alcanzar la dominación o retenerla
Estaba el ex ministro don Antonio Maura ya muy distante de su jefe del partido liberal, don Práxedes Mateo Sagasta, del que acabaría separándose para pasar al partido liberal-conservador fundado por Cánovas. Era en 1898. Don Antonio escribía mucho, aunque aún no era académico de la Española ni su presidente como acabó siendo. En una de esas notas íntimas decía que, según Sagasta, la vida pública se cifra y compendia en la perenne porfía por alcanzar la dominación o retenerla, porque las ideas y los propósitos son para apoyados o repudiados según su probable influencia en la obtención del mando. De ahí que a ese tipo de dirigentes políticos «se les ve prontos a tomar y dejar, con expedita presteza, las significaciones más diversas y aun contradictorias, y sobre todo se les aprecia, a la menor dificultad, inclinados al retroceso, transacción o el aplazamiento.Todo lo que no fuera eso carecía para ellos de sentido práctico, de espíritu gubernamental y aun de la prudencia más elemental.-Toda una estampa del político de todos los tiempos, si no me equivoco. De la política más conocida.
Decepción de aquella Revolución
Escribe el mismo Giner de los Ríos en 1870, a los pocos meses de la Revolución gloriosa, radicalmente desilusionado del espectáculo concupiscente de esa misma revolución. Y, evocando las esperanzas suscitadas en la juventud universitaria en los diez años precedentes, hace un juicio crítico de esa misma juventud, entonces parte del poder gobernante. Pocos españoles habrán igualado esa crítica en precisión, aunque tantos de ellos habrán coincidido, en una u otra época, en todas o en casi todas las razones de tamaña diatriba: Ha afirmado principios en la legislación y violado esos principios en la práctica; ha proclamado la libertad y ejercido la tiranía; ha consignado la igualdad y erigido en ley universal el privilegio; ha pedido lealtady vive en el perjurio; ha abominado de todas las vetustas iniquidades y sólo de ellas se alimenta. (…) Ha lanzado a la insurrección a todos los partidos ajenos a la distribución del botín; ha desdeñado a los proletarios y atemorizado a los ricos; ha humillado a los racionalistas y ultrajado a la Iglesia; ha dado la razón a los esclavistas y a los negros, y se ha captado la antipatía de liberales y conservadores, de los hombres ilustrados y del vulgo.
Desgarro
Lo cuenta Francisco Giner de los Ríos en uno de sus primeros trabajos, titulado La Iglesia española. Tiene entonces 27 años y acaba de escuchar conmovido el discurso del catedráaico sacerdote Fernando Castro Pajares, en la apertura de curso de la complutense, 1866-1867, sobre Caracteres de la Iglesia Española. Giner ve que la vida entera del siglo parece radicalmente divorciada de la religión católica y que por todas partes se enciende una cruzada formidable contra la Iglesia. Él se siente desgarrado por lo que juzga antinomia entre Iglesia y libertad: los amigos del Catolicismo son enemigos de la libertad y los amigos de la libertad son enemigos del Catolicismo. Por el momento él decide mantener el pensamiento de lo divino en medio de esta lucha incesante y caminar de frente y sin descanso, firme el pie en la tierra y la mirada en el cielo.- Algo iba a cambiar después de unos pocos años. Francisco Giner de los Ríos y su íntimo amigo Gumersindo de Azcárate son dos de las biografías más más puras y apasionantes de nuestros siglos XIX y XX.
Puño en alto
Ver en los diarios de hoy, a la número 3 del PSOE, Leire Pajín; a la ministra Aído, y al presidente de la comisión constitucional y antiguo vicesecretario del partido, Alfonso Guerra, con el puño izquierdo en alto y pañuelo rojo al cuello,mientras cantan unos versos de la La Internacional, da una cierta pena, y, la verdad, un poco de risa. Y el presidente del Gobierno en medio, después de hacer suyas, con su presencia y sus palabras más contenidas, algunas de las demagogias intolerables -y más dentro de la grave crisis económica- de sus predecesores en los fervorines del mitin.