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El castro de Santa Lucía

 

                          El cierzo no para estos días en Pamplona y el sol sigue sin aparecer estas mañanas, aunque por las tardes logra desprenderse de las nubes y pasta en el cielo a su placer. 

Por ir a un castro cercano, elegimos el de Santa Lucía, sobre el Poblado que tomó ese nombre en los años de la Transición, cerca del término de Orcoyen, donde se cobijó un amplio grupo de inmigrantes, con los que trabajó la Fundación Adsis, nacida en los años 60 de los Salesianos, que solíamos visitar. Aparcamos el coche debajo de la loma y del caserío del mismo nombre, y frente al Colegio Instituto Evangelista, que no conocíamos: ni su existencia (hace ya diez años), ni su singularidad en Navarra, ni su recia formación cristiana y académica, de la que nos informamos luego a través de un excelente vídeo. Junto al Colegio un gran sauce llorón, ya reverdecido, nos recuerda que ya es primavera, y no solo en el Corte Inglés. 

Pero mirando bien los mapas vemos que, a pesar del nombre, el castro prerromano está justo en el flanco opuesto, por lo que seguimos por la calle Soto de Ainzoain, que divide el polígono industrial, también con el el nombre de la santa siciliana, y llegamos hasta el edificio Servicios Ecológicos de Navarra, en el polígono cercano de los Agustinos. Cerca de la 240 Na-A, frente a Berriozar alto y Berriozar bajo. Desde allí, por el carretil asfaltado, que antes se llamaba Camino viejo de Loza y ahora Camino de Nueva Artica, andamos un breve rato bajo el flanco septentrional del promontorio en forma de círculo, de 469 metros, donde se asentó el castro en el Bronce Final y duró toda la Edad del Hierro. En la ladera baja crecen cañadejas o brancas ursinas, alfileres o malvarrosas, malvas, acederas, mentastros, cerefolios…,  y en todo el cerco alto, matorrales, olmos y acacias, todavía desnudos de vegetación; solo los espinos y los endrinos nos alegran con sus flores de nieve.

Nos acercamos al viejo poblado  por la parte occidental, frente a la vaguada ocupada casi en su totalidad por el nuevo Centro Penitenciario de Pamplona, un amplio rectángulo de  varios edificios nuevos con tejado verde, entre la loma de Santa Lucía, que tal vez sirvió de anticastro, y el oppidum propiamente dicho. El nombre de Santa Lucía, uno de los más repetidos en los contornos, procede de una ermita, documentada desde 1313; en 1585 figuraba en la lista de autorizadas a tener ermitaño; sobrevivió a la destrucción de 1795, en la guerra de la Convención, pero no al bloqueo de 1813, en la guerra de la Independencia. No sabemos el lugar exacto donde estuvo plantada.

El castro, que pudo ser muy extenso, hasta casi 30.000 metros cuadrados, fue estudiado en 1962  por Ana María de la Quadra Salcedo, posteriormente por Amparo Castiella y su equipo, y más tarde por Armendáriz. En él encontraron piedras talladas y pulimentadas entre el Neolítico final y Bronce Antiguo; cerámicas manufacturadas y torneadas, molinos de mano, un puente de fíbula, un regatón y un as ibérico. Muy cerca corría, y sigue corriendo, el río que ahora llamamos Arga. Fue el poblado más importante de toda la zona.

Subimos por la orilla de un campo de  crecidos herbales trigueros, pasando cerca de una caseta y de un poste de electricidad abandonados, en torno de los cuales hicieron un pequeño y elemental corral cercado, sucio ahora de telas, cartones, tablas, cajas de madera, somieres…, y una pintada curiosa: Somos gitanos. Ya os hemos avisau. Echeverría. Desde la cima de la loma, espléndida vista hacia Pamplona y los cuatro puntos cardinales de su cuenca. Desde aquí son bien visibles el castro Artikagaña, que visitamos el otro día, en la falda de San Cristóbal, y los castros de Mendillorri y el del casco viejo (en el área de Capitanía o plaza de San José), así como, por el norte, el de Sardea, en el monte Ezkidi (Añezcar) que vimos hace dos años.

Los arqueólogos hablan de un talud artificial en la vertiente oriental de este castro de Santa Lucía, donde el escarpe alcanza su mayor pendiente, hoy oculto por la vegetación, y de una posible muralla, que sin duda cerraría el espacio sobre todo por la parte de nuestra entrada, donde la defensa es menos natural.

Cuando bajamos de la loma, entre el Txurregi y el Bizkai cae una ducha de agua espesa que, cuando llegamos al coche, cubre ya el espacio entre Saldise y Larragueta. El abril de las aguas mil, por el cambio climático tal vez, se nos ha adelantado, este año, al mes de marzo.

 

 

Día de la Poesía

 

                        Con un pequeño adelanto, por problemas de local, celebramos anteayer en Pamplona el Día de la Poesía y el Día de la Primavera, acompañados de nubes, vientos fríos y lluvias, presentando el número 155 de la revista navarra Río Arga y recitando sus poemas una veintena de autores, casi todos muy jóvenes.

Incluyo el poema También, de nuestra nueva compañera en el Consejo de Redacción, la historiadora, novelista y poeta Begoña Pro Uriarte:

Duelen tus pies descalzos
sobre el suelo helado.
Y el viento tan frío
anciano en tu mirada…
                                         también  duele.

Abrasa tu alma rota
sobre el mar callado
de lágrimas varadas.
  Y tus alas quebradas…
                                            también abrasan.

Convertiría en verso
el baile de tus ojos
sobre el horizonte.
Y tu doliente sonrisa…
                                                  también la  haría verso.

Compondría melodías
con tus viejos recuerdos,
tal vez incluso alegres.
Y con tus sueños perdidos
también escribiría canciones.

Renuncia a la violencia en los Evangelios

 

(Mt 5, 38-44; Lc 6, 29-30)

Jesús emplea aquí, como es su costumbre,
un lenguaje radical, provocador
sobre violencia y coacción
en casos tomados de la vida cotidiana de su tiempo.
Como le es habitual,
no intenta solo enseñar a sus  discípulos,
sino abrirles los ojos,
sacudir sus conciencias,
hacerles pensar y prepararlos
para una nueva y audaz aventura.

Jesús no nos da aquí una lección de casuística,
ni pretende dictar a la gente,
al conjunto mundial de las naciones,
una ética teológica.
Solo quiere mostrar a sus discípulos
la base y fundamento
del reino de Dios que viene a predicar:
una nueva humanidad sin precedentes.
Él mismo prefirió ser ajusticiado,
renunciando a la violencia y a toda represalia,
siendo fiel a su mensaje y su misión:

Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pues yo os digo: no resistáis al mal.
A quien te golpee en la mejilla derecha
vuelve también la otra.
Si alguien quiere llevarte a juicio
para quitarte la túnica, dale también el manto,
Y si alguien te hace andar una milla de camino.
vete con él dos.
Si alguien te pide, dale.
Y si alguien quiere pedirte prestado,
no se lo niegues.

«El País» y la independencia

 

                  Al parecer, a ciertos periodistas, empresarios y políticos no les basta que un diario como El País –¡aquel Diario Independiente!- se haya convertido en un leal boletín del sanchismo, desde el mismo  momento en que fue arrojado de la dirección Antonio Caño, en 2018, y andan buscando un sustituto del presidente y primer accionista de PRISA, la empresa editora, el franco-armenio Josep Oughourlian, por otro todavía más cercano al Gobierno de Sánchez. Sucede, además, que, en estos momentos críticos, este último está buscando a la vez la creación de una nueva Televisión sumisa y propagandística que pretende concedérsela a PRISA, a lo que se oponen, por razones mayormente económicas, ante una gruesa deuda pendiente, el presidente y accionista mayoritario de la entidad junto a todos sus amigos y colaboradores.

Y el caso inédito es que anteayer apareció en medio de la primera página de El País, bajo el titulo Tribuna, firmada por Oughourlian, toda una apología del periódico como referencia de la Transición y de la España democrática, junto a una apología de su presidencia, seguidas de un rapapolvos a sus enemigos en la empresa y en el diario, que hace época.

Sostiene Oughourlian al final del artículo que una sociedad sana, democrática, necesita  unos medios de comunicación fuertes e independientes, entre otros fines, para responder a las injerencias gubernamentales que cada día se hacen más evidentes en todo el mundo y van en  contra de la buena praxis democrática.

Lo cierto es que las injerencias de los Gobierno en El País han sido -ya lo he apuntado- numerosas, pero está visto que hasta ahora no le ha irritado demasiado al primer accionista, que continúa:

En este contexto, sería inaceptable que, cuando estamos recordando que hace ya  50 años que  murió el dictador Francisco Franco, alguien cayera en la tentación de tratar de adueñarse de un medio de comunicación independiente desde el poder, bien directamente, bien utilizando alguna em-presa estatal como instrumento.

La referencia a Telefónica, calificada de em-presa (presa), es evidente. Y para rematar:

EL PAÍS  lleva casi medio siglo defendiendo la democracia, las libertades  y los derechos humanos. Y yo me comprometo a que seguirá adelante con esta misión. Hoy es más necesario que nunca que mantengamos firmes nuestros valores y nuestra cerrada defensa del periodismo de calidad, pese a las presiones de todo tipo que contaminan el ejercicio de una labor honesta y profesional, basadas en la libertad editorial y en la independencia. Porque, en definitiva, y recordando la frase tantas veces atribuida a George Orwell:  «Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques». Todo lo demás son relaciones públicas.

 

Releyendo «La peste» de Camus

 

                                  Los medios de información  se entretienen estos días con el quinto aniversario de la pandemia del virus-19, recordándola, recreándola, maldiciéndola. Lo que no hice entonces, a pesar de haberla citado una vez en un poema, lo hago ahora: releer La peste (1947) de Albert Camus: una cima literaria. Lo que fue, en un caso mucho más grave, la ciudad de Orán (Argelia francesa), cerrada en sus murallas por la peste bubónica, basada tal vez en la epidemia de cólera en 1849, era Pamplona y cualquier otra ciudad española, no cerrada, pero con sus habitantes confinados en sus casas:

   – El sufrimiento profundo que experimentaban era el de todos los prisioneros y el de todos los exiliados, el sufrimiento de vivir en un recuerdo inútil. Ese pasado mismo en el que pensaban continuamente solo tenía el sabor de la nostalgia. Hubieran querido poder añadirle todo lo que sentían no haber hecho cuando podían hacerlo, con aquel o aquellas que esperaban, e igualmente mezclaban a todas las circunstancias relativamente dichosas de sus vidas de prisioneros la imagen del ausente, no pudiendo satisfacerse con lo que en la realidad vivían.

(…)

Su desesperación les salvaba del pánico, su desdicha tenía algo bueno. Por ejemplo, si alguno de ellos era arrebatado por la enfermedad, lo era sin tener tiempo de poner atención en ello.

(…)

Había sentimientos generales como la separación o el miedo, pero se seguía también poniendo en primer lugar las preocupaciones personales. Nadie había aceptado todavía la enfermedad. En su mayor parte eran sensibles sobre todo a lo que trastornaba sus costumbres o dañaba sus intereses. Estaban malhumorados o irritados y estos no son sentimientos que puedan oponerse a la peste. La primera reacción fue, por ejemplo, criticar la organización. La respuesta del prefecto ante las críticas, de las que la prensa se hacía eco («¿No se podía tender a una atenuación de las medidas adoptadas»?), fue sumamente imprevista. Hasta aquí, ni los periódicos ni la agencia Randsdoc había recibido comunicación oficial de las estadísticas de la enfermedad. El prefecto se las comunicó a la agencia día por día, rogándole que las anunciase semanalmente.

  

Operación Atalanta

 

                             Convocados por el Consejo Navarro del Movimiento Europeo, en el Seminario mensual Hablemos de Europa, asistimos ayer tarde un buen número de europeístas a la conferencia dada por el  teniente de navío, el pamplonés  Julio Torralba -hoy en la reserva voluntaria-, que participó varios años en esa Operación.

Sorprende un poco el silencio que rodea todo ese movimiento de defensa de la navegación libre y del comercio, montada  contra la piratería en el Golfo de Adén, el Cuerno de África  y el Océano Índico occidental, punto neurálgico mundial, frente a las costas del Estado fallido de Somalia, teniendo en cuenta sobre todo la activa participación de España. Su base operativa se trasladó, tras el Brexit, desde el Reino Unido a la Base Naval de Rota.

Basada en varias resoluciones de la ONU, y tras los angustiosos requerimientos del Gobierno provisional de Somalia, asediado por los piratas que infestaban sus costas, la Operación organizada por la Unión Europea entró en acción el año 2008 para un tiempo determinado, que ha ido prorrogándose hasta el año 2027, por ahora. Su fuerza se compone de varios buques  de combate y auxiliares -entre ellos, una fragata española- y varias aeronaves de patrulla y reconocimiento, españolas también. Los efectivos humanos llegan a 700, y están comandados por un vicealmirante español, y dos contralmirantes, italiano y portugués. Colaboran también, con medios y hombres, países  que no pertenecen a la Unión, como Noruega, Serbia, Montenegro, Colombia y Corea del Sur.

Su objetivo primero fue defender la ayuda enviada a Somalia por el Proyecto Mundial de Alimentos y la Misión de la Unidad Africana (UA), extendiéndose después a la defensa de buques mercantes, actividad pesquera en la zona, vigilancia y control del tráfico de armas y drogas, etc. Siempre en cooperación con misiones similares de Estados Unidos de América y de la OTAN.

En una exposición clara y amena, con un pase continuo de transparencias de mapas, rutas comerciales, noticias y datos varios, el marino pamplonés nos ha ofrecido la conclusión más positiva posible con miles de barcos, trasportadores de alimentos, custodiados; piratas detenidos; misiones de acompañamiento y protección; armas y drogas confiscadas…

Un coronel italiano, capitán de navío en la Operación Atalanta, colega de Torralba, glosó en perfecto castellano algunos extremos apuntados por este, y respondió, junto a él, a las preguntas de los asistentes.

Ahora que toda la Unión, y hasta Europa entera, está convulsa y más convencida que nunca sobre la necesidad de su propia defensa, no está nada mal recordar que desde 2008 ha puesto medios económicos, militares y humanos en defenderse a si misma fuera de sus fronteras, y en defender a la vez a varios de los países -personas y territorios- más pobres e indefensos del mundo.

El desguace continuo del Estado

 

                     Bajo el título Así se sigue desguazando al Estado, publicado ayer en El  Confidencial, el catedrático de Derecho Constitucional de la UPV, siempre riguroso y equilibrado, Javier Tajadura Tejada, resume así la proposición de ley, preparada por Junts per Catalunya y el PSOE, sobre la delegación de las competencias en materia de extranjería e inmigración a Cataluña:

 La proposición presentada reviste una extraordinaria gravedad. Por un lado, se trata de un paso más en el desmantelamiento del Estado y en el (inconstitucional) establecimiento de una estructura estatal catalana. Y, por otro,  es un grave atentado al principio de igualdad.

Visita a Javier

 

            Salíamos de Estella el viernes, hiciera el tiempo que hiciera, en la primera Javeriada; dormíamos en San Martin de Unx; caminábamos después hasta Liédena, donde pasábamos la segunda noche, y desde allí, el domingo, de par de mañana, salíamos tranquilamente hacia Javier.

Ya en Pamplona, después de muchos años, salíamos tres compañeros, en la segunda Javeriada, desde Noain; más tarde, cuando fui haciéndome mayor, me llevaban hasta Monreal, y después hasta Liédena o hasta Sangüesa, y desde allí me unía a los otros más jóvenes, que seguían saliendo desde Noain, y juntos terminábamos la caminata hasta el santuario. Dejé varios testimonios escritos de aquellas hermosas jornadas.

Ahora me contento con llegar en coche hasta el aparcamiento a cielo abierto junto al Río Mayor, que esta vez viene bravo, con muchos troncos y ramas de olmos y álamos en sus orillas, y desde ahí, yo ya con mis bastones de monte, subimos  hasta la explanada del castillo.

A la salida de Noain  hemos visto algunas  bicis; cerca de Monreal, los últimos caminantes, y a partir de Monreal y de Idocin, grupos variados y coloridos van plácidamente por la carretera vieja, sin coches que los molesten, y con la alegría que da el frío, la marcha a Javier y el desayuno o almuerzo («mordida») que nunca faltó. Solos, en parejas, en pequeños grupos, mixtos casi siempre, o en gran caravana andante, con cruces de madera, con banderines o algunas banderas, de todas las edades,  aunque sobre todo jóvenes, de todos los estilos de andar y vestir, al sol a menudo interrumpido por unas grandes nubes blancas… desfilan hacia el Este, pensando de muy variadas maneras, pero buscando, cada uno a su modo, lo mejor que espera de su vida. Pasado Yesa, de todos los caminos, por los cuatro puntos cardinales, vienen peregrinos a Javier.

Nos empuja un cierzo frío afilado, con olor a nieve, que sobrevuela la encinosa sierra de Leire o se cuela por su cola occidental, que nos obliga a llevar gorros, bufandas o acolchados de todo tipo. Han desbrozado un poco el camino asfaltado, y en los bordes refulgen en su humildad las violetas pilosas.

En la explanada hay algunos grupos sentados en los bordillos exteriores, y algunos coches de padres con niños. Las planchas de metal que dividen los espacios –Caja Rural– están tiradas en el suelo por el viento. Allí lejos, en el barrio comercial, un gran rebullicio de colores. Suben y bajan al/del santuario devotos y devotas por las escaleras largas sobre las rocas bravías que fundamentan la iglesia y el castillo. Rocas de Javier. De ellas se forjó el Maestro. De roca fue su carácter, su talante, su fortaleza, su resistencia, su santidad. Todo, casi sobrehumano.

El coro de cipreses itálicos que guardan celosos el rincón de ruejos del viejo poblado, con la iglesia bautismal del santo en su centro, sigue apuntándonos, impasibles, tenaces, al cielo de Dios.

La misa en la iglesia nueva es una misa rasa, diaria, sin música. Los jesuitas dejan  la celebración para la eucaristía multitudinaria de la tarde.

La vuelta por la misma pendiente es más cómoda y ya ya no tenemos que contar hasta treinta o cuarenta. Volvemos un rato por la misma carretera. Yesa parece ahora un cuadrivio internacional. En un momento pasamos bajo la carretera por donde llega el grueso de peregrinos coloristas haciendo un bello contraste con las flores níveas de los espinos y los endrinos del ribazo, que es maravilla.

Vamos a Sos del Rey Católico. De roca a roca. De castillo a castillo. De magia a magia. En el patio del Parador, donde tomamos café, bajo la balconada septentrional, ha florecido el pissardi (prunus cerasifera),  el ciruelo japonés, con pretensiones de cerezo.