(Mt 5, 38-44; Lc 6, 29-30)
Jesús emplea aquí, como es su costumbre,
un lenguaje radical, provocador
sobre violencia y coacción
en casos tomados de la vida cotidiana de su tiempo.
Como le es habitual,
no intenta solo enseñar a sus discípulos,
sino abrirles los ojos,
sacudir sus conciencias,
hacerles pensar y prepararlos
para una nueva y audaz aventura.
Jesús no nos da aquí una lección de casuística,
ni pretende dictar a la gente,
al conjunto mundial de las naciones,
una ética teológica.
Solo quiere mostrar a sus discípulos
la base y fundamento
del reino de Dios que viene a predicar:
una nueva humanidad sin precedentes.
Él mismo prefirió ser ajusticiado,
renunciando a la violencia y a toda represalia,
siendo fiel a su mensaje y su misión:
Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pues yo os digo: no resistáis al mal.
A quien te golpee en la mejilla derecha
vuelve también la otra.
Si alguien quiere llevarte a juicio
para quitarte la túnica, dale también el manto,
Y si alguien te hace andar una milla de camino.
vete con él dos.
Si alguien te pide, dale.
Y si alguien quiere pedirte prestado,
no se lo niegues.