Archivo del Autor: vmarbeloa

El rey Juan Carlos I

Recuerdo vivamente el día en que el todavía flamante rey Juan Carlos I nos recibió (año 1980) a la Mesa del también flamante -y, además, en llamas- Parlamento de Navarra. Fue un buen espaldarazo a nuestro titubeante institución. Después, durante toda mi vida parlamentaria, aqui, en Madrid y en Bruselas-Estrasburgo, tuve ocasión de encontrarme varias veces con él. Mi partido de entonces (PSOE) fue siempre leal a la Monarquía Parlamentaria y nunca tuvimos nosotros reserva mental alguna. Pero en los últimos años, las noticias de las aventuras amorosas y cinegéticas del monarca, sus malas compañías, comenzando desde la propia familia… fueron restándole cercanía, simpatia y hasta respeto. Creo que ha sido, en esas circunstancias, oportuna y justa su abdicación. Pero no podemos olvidar que durante treintaycinco años elevó la institución monárquica al puesto más alto de la escala de preferencias de los españoles. Deseo que esa misma marca la consiga de nuevo su hijo Felipe VI, y aun que la supere.

En Leire más regio que nunca

(Durante estos seis ùltimos días se me desvencijó el equipo anterior y he tenido que comprar uno nuevo. Añado ahora las entradas acumuladas y retrasadas, correpoondientes a esas fechas).

Hoy, en Leire, invitado como amigo del P. Jesús Morras, premio Príncipe de Viana, he vivido una jornada memorable. El cierzo recio, destemplado y húmedo, que despeinaba las hayas recién verdecidas y dejaba impasibles los robles avezados, contrastaba con la plácida azulidad de nuestro mar del Pirineo. Y, aunque nos obligó a refugiarnos en la iglesia abacial, no pudo deslucir la celebración de la unión del reino de Navarra con el de Castilla y luego España, nada menos que con la presencia del nuevo rey Felipe VI-Felipe VIII, ni el triunfo de la cultura en la persona y en la obra del humilde capuchino Tarsicio de Azcona, biógrafo de Isabel I de Castilla y autor de numerosos trabajos históricos. El templo románico-gótico. Los discursos bien ajustados y actuales. La música del Orfeón pamplonés. El concierto de órgano inaugurado para la ocasión. La alegría de los invitados. La conciencia de vivir una acontecimiento limpio,luminoso, original y fraterno. Todo justo y memorable.

El «lío» de Arganda

 

          El «lío», que el papa Francisco quería que se armara en la Iglesia, se hizo patente en la parroquia de San Juan Bautista de Arganda, provincia de Madrid y diócesis de Alcalá de Henares. Entre el 23 de marzo y el 6 de abril de este año, dos semanas de la Cuaresma anterior a la Pascua, todo un grupo de misioneros seglares, compuesto mayormente por mujeres jóvenes y mayores, coordinado por el Grupo Misionero de Primer Anuncio-Kerygma, se lanzó a la calle -con su sola palabra, unas veces, con la ayuda de algunos folletos, otras-, todas las tardes, mientras otros muchos oraban por ellos, a encontrarse con la gente, hablarles de Dios  y de Jesús, e invitarles, en su caso, a pasar un rato en el templo parroquial. Las anécdotas fueron innumerables. A todo ello se añadió toda una serie de eventos que rodearon la campaña misionera: conciertos-oración; recogida de alimentos para Caritas; procesiones con la Patrona, la Virgen de la Soledad; testimonios de personas alejadas de la fe… Un nuevo estilo de aquellas misiones populares que todos hemos conocido. Protagonizadas esta vez por seglares de cada día, misioneros de corazón, convertidos en misioneros de ocasión más intensa y programada, acicate para la misión en el resto del año. Todo un «lío», complicado y sencillo a la vez», propio del tiempo, de nuestro tiempo «laico». En una parroquia de la provincia de Madrid, España, ejemplo para otras muchas.

L´esperit català

 

          Ahora que la cuestión catalana sigue estando candente y que Antoni Tàpies nos dejó no hace mucho tiempo, me detengo esta tarde ante este cuadro ya histórico, sencillo y complejo a la vez, tan simbólico como real, tan local como universal, legado por su propietaria navarra, María Josefa Huarte, al Museo Universidad de Navarra y expuesto ahora en el Bellas Artes de Bilbao. Típica obra de las muchas de Tàpies vinculadas a los graffiti de la calle y todo un mundo de protesta reprimida, clandestina, pero llena de vida, según su autor, que circulaba por los muros de su país, convertidos en testigos de todos los martirios y de todos los retrasos inhumanos, infligidos  a su pueblo. L´esperit català (1971) refleja una parte importante de la vida de Cataluña en los últimos años del franquismo. Surcado por las cuatro barras verticales de la bandera catalana -con o sin la leyenda trágica de la sangre heroica-, el cuadro está cruzado por pequeñas y claras inscripciones manuscritas horizontales, mayores o menores, donde la palabra Catalunya, y dret (derecho) frente a poder y llei (ley) predominan  sobre todas las demás. Me extraña un tanto que el catalán sea la sola lengua de la protesta, cuando tantas de ellas se expresaron tambien, por aquel tiempo, en castellano. Patriota progresista, como él se denominaba, al autor catalán todo acto de ese patriotismo le parece parte del embate esencial en pro del humanismo, la democracia y la libertad, en el que el artista juega como voz colectiva, casi anónima.

El cardenal Cisneros

 

          Tenemos los navarros una idea muy desfigurada de aquel franciscano castellano, fray Francisco Ximénez de Cisneros, confesor de la reina isabel, arzobispo de Toledo, inquisidor general para Castilla, fundador de la Universidad Complutense, cardenal, y regente del Reino (1506-1507 y 1516-1517)…, sólo porque hizo desmochar algunas torres y fortalezas de los agramonteses…,  y va y viene ahora el gran hispanista francés, Joseph Pérez, hijo de emigrantes valencianos, y nos trae uno de sus grandes libros, Cisneros, el cardenal de España. Ahí retrátale como un estadista de la modernidad, quizás el  más perspicaz y progresista que tuvo Europa en el siglo XVI. En un momento decisivo de la historia de España, así le vieron los contemporáneos españoles de los primeros Austria y, después, hasta los historiadores franceses, que no dudaron en ponderar la superioridad de Cisneros sobre su gran Richelieu, aquel cardenal que hizo de Francia un Estado centralizado y eficaz. Y es que el español murió demasiado pronto y no tuvo ocasión de conocer a Carlos I: algunos cortesanos hicieron lo posible para que no se conocieran. Según el hispanista francés, el regente castellano, hombre espiritual y religioso, con alma de fraile mendicante y muy próximo a los erasmistas, reformador del clero y de la Iglesia, salvó a Espña de la desintegración. No fue nunca un fanático. Nunca él hubiera publicado, v.g., el edicto de 1525 contra los alumbrados de Toledo. Con él, una decena de años más  en el nuevo Estado, la historia religiosa  de España  hubiera sido muy distinta de la que fue.

Todo dependerá de Jerusalen

 

         En el libro publicado antes de la visita de Francisco a Tierra Santa, Jerusalén capital de la humanidad, el patriarca latino de Jerusalén, Mons. Fouad Twal, escribe que los cristianos viven allí un interminable Viernes santo -emigración continua, persecuciones, compra y ocupación de tierras, destrucción de casas, muro de separación, fanatismo doble, acosos, guerrilla, violencias, paro, pobreza…-, pero no por eso se siente ni pesismista ni optimista, sino realista. La iglesia católica tiene allí 118 escuelas, varios hospitales, centros de refugiados, Cáritas…, instituciones todas ellas en las que sólo el 2% son cristianos: el mayor ejemplo de servicio,  de perdón y de reconciliación. Cree que el mejor remedio contra todo fanatismo y exclusión es  la eduación en las escuelas, en las universidades, en las celebraciones y reuniones…. Y que, al final, todo dependerá de Jerusalén: Jerusalén está allí, es la iglesia madre que da la bienvenida a los creyentes de todo el mundo. Es una madre, una ciduad santa, que debe ser santa, que acoge a todos. El gran secreto de Jerusalén es que es una ciudad que une a todos los creyentes y, al mismo tiempo, nos divide.

Izquierdismo

 

                El izquierdismo en algunos partidos adolescentes no es una enfermedad senil del socialismo, sino juvenil. Lo saben bien Blair, Gabriel, Valls o Renzi, verdaderos patriotas democráticos o responsables nacionales y europeos. No lo han sabido Rubalcaba, López o Jiménez.

«¡Nunca más, Señor, nunca más!»

 

El viaje del papa Francisco ha sido uno de los más hermosos, y eficaces -dentro de los muchos limites de tan atomentada zona política- de todos los los llevados a cabo por los papas. Cada acto, medido hasta el extremo, pero no por eso menos simbólico y generoso, ha sido noticia mundial, reconfortante para todo amante de Israel y de Palestina. Me quedo entre tantas sinceras palabras y gestos fraternales, con esa  oración -¿amarga?- que Francisco compuso en el museo del Holocausto, tras besar las manos de cuatro varones y dos mujeres, supervivientes de los campos de exterminio. En esa oración Dios busca a Adán (el hombre) y le reprocha la monstruosidad cometida. Al final del lamento por una crueldad semejante, Adán responde a la llamada:
Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne. ¡Nunca más, Señor, nunca más! Aquí estoy, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y semejanza, ha sido capaz de hacer.