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Saber perder

 

   La selección española -yo no la llamo «la Roja», aunque tenga su razón popular- ha sabido perder. Desde su entrenador hasta los jugadores que han hablado. Supo perder en el campo y fuera del campo. Si a alguien le parece poco, se equivoca. Para mí, después de ganar, es lo mejor que podía ocurrir. España, que  tantas malas lecciones ha recibido del mundo del fútbol, aparte los triunfos deportivos, necesita lecciones como ésta de ayer y de hoy. Y pase lo que pase, es de lo mejorcico que puede sucedernos.

Unidad y variedad de España

 

    Antes, la unidad en la variedad; después, la variedad en la unidad, resume don Modesto Lafuente  en el Discurso preliminar a su famosa Historia general de España, distinguiendo los tiempos de la Monarquía absoluta borbónica de los tiempos de la Monarquía constitucional, continuados hoy, de manera mucho más intensa, en la España autonómica. Cuando España era sobre todo una, abundaban los panegiristas de la unidad. Después, abundaron y siguen abundando los panegiristas de la variedad, de tal manera que el valor diferencia es omnipresente y omnipotente, mientras el valor unidad o cohesión y sus derivados aparecen como antivalores, o, lo que es peor, no-valores. Lo que rompe el equilibrio necesario de cualquier existencia. Porque toda entidad es una y varia, desde el átomo al universo entero. Sin unidad (cohesión) y variedad (diferencia) no existe nada ni nadie. Y cualquier distorsión de las mismas es ignorancia o falsedad, y siempre anti-realidad.

De referéndums o referenda

 

       Los que tanto hablan, sin ton ni son, del referendum monarquía-república , durante estos días, podrían advertir la diferencia esencial que hay entre los referéndums que se pueden fácilmente repetir y los que no se pueden repetir, o difícilmente se pueden repetir, dada la nauraleza de la materia referendable, su costo de todo género o el perjuicio de muchos.- Por otra parte, podían pedir algo mas urgente y necesario para la renovación de la polìticca española, como es la injustísima ley electoral, de la que casi todo el aparato del Poder depende; o la financiación de partidos y sindicatos; o la actuación de ciertos grupos polìticos que no sólo no condenan a ETA, sino que la justifican y quieren seguir justificándola de muy diversas maneras, y que aprovechan, ellos también, el viaje para sumarse con sus banderas homicidas a la tararira del referéndum.- En cuanto a unas posibles elecciones para la presidencia de una hipotética III República, difícilmente piensan sus entusiastas propugnadores que los candidaatos con más posibilidades de estrenar el nuevo régimen como flamantes jefes de Estado serían, sin duda, no Pablo Iglesias II o Cayo Lara, sino Felipe González y José María Aznar, tanto monta monta tanto. ¡Ingenuos!

Un libro de Ángel Cornago


Ángel Cornago Sánchez es un médico especialista, máster en bioética, director de una clínica en Tudela, conferenciante y escritor variado, autor de varios libros de éxito. Me envía los dos últimos: uno de ellos delicioso, de relatos cortos sobre la España de la posguerra, en su segunda edición, y otro, dentro de su especialidad, titulado Para comprender al enfermo, muy bien escrito y de harto provechosa lectura. Sus capítulos están dedicados a la salud, la enfermedad, el enfermo, el dolor y sufrimiento, las medicinas alternativas, la familia, la vejez o la muerte. En el último capítulo, Cornago se demora en hacer resaltar las diferentes concepciones y prácticas de la muerte de ayer y hoy, y escribe en sus últimos párrafos: La muerte de hoy es con frecuencia la muerte en soledad. Nos parece una muerte trágica, y conceptuamos la soledsd como un sufrimiento añadido muy importante. Por eso nos imaginamos una muerte buena como una muerte en paz, sin sufrimientos, y, sobre todo, rodeados de nuestros seress queridos, que en ese momento nos aportan cariño y consuelo. Hoy es frecuente que  esto no sea así. Lo habitual es morir en un hospital, rodeados, eso sí, de toda la parfernalia terapéutica, que sirve de poco en ese momento, y en muchas ocasiones, solos.

Los arévacos y los vectones

Nos lo aprendimos de memoria en la clase de literatura. Uno de los trozos más brillantes era aquél: España, evangelizadora de la mitad del orbe. España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio (…) Esa es nuestra grandeza y nuestra unidad: no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones, o de los reyes de Taifas. A este término vamos caminando más o menos apresuradamente, y ciego será quien no lo vea.- ¿Qué hubiera dicho ahora don Marcelino, el autor de aquel glorioso Epílogo a su apasionada obra de juventud Historia de los Heterodoxos Españoles?. Claro que hoy sabemos bien lo que de excesivo y unilateral hay en esos patrióticos párrafos, pero millones de españoles, incluidos catalanes y vascos, lo creyeron y lo vivieron así. Tras la Ilustración y las Cortes de Cádiz, la religión no fue ya factor de unidad, sino de división. Ya no había un común enemigo religioso extraño, ni musulmán ni protestante. Ahora contendían ya sólo españoles: liberales contra realistas y carlistas; católicos confesionales contra agnósticos, indiferentes o ateos, también contra católicos liberales. Poco después, contra socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos, y viceversa. Si la religión ya no unía, sino que dividía, la lengua tampoco unía a todos, porque había varias lenguas, que también servían de división. Un día cercano, tras una República sectaria y torpe, y una guerra y posguerra crueles, nos unió el deseo de la democracia y de la paz, y el sueño de Europa. Y una Constitución, que votamos abrumadoramente. ¿Qué nos une hoy? ¿Dónde está el proyecto sugestivo de una vida en común (Ortega)? ¿Qué nos une a los arévacos y a los vectones de hoy? ¿Qué une a nuestros reyes de Taifas? Son preguntas radicales que pocos se plantean y menos se contestan.

La alegría religiosa


En una entrevista que le hacen en el semanal más vendido de España al prefecto de la Casa Pontificia, el alemán George Gänswein, secretario de los dos papas, le preguntan si el papa Francisco trae una forma distinta de religiosidad. Y contesta aquél: Francisco trae consigo una musicalidad religiosa que nosotros, en Europa, tenemos que recuperar, que volver a aprender. Y eso es algo que sólo puede hacernos bien. La alegría religiosa que allí se percibe es un gran regalo para nosotros en Europa. Revivo estas sabias palabras cuando veo, en medio de una intensa emoción, la ceremonia celebrada en los jardines del Vaticano, entre el presidente de Israel, el presidente de la Autoridad Palestina, el Patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé, y el papa Francisco. Una iniciativa genial de éste último, por encima de la política y de la diplomacia. Nunca habíamos visto algo semejante: oración compartida por la paz, música, silencio, petición de perdón, compromiso personal, diálogo posterior entre ellos… Muchos siglos están presentes, con tantos momentos dramáticos, en ese gesto sumamente ecuménico que los ilumina, los rescata, los purifica, los redime, los proyecta hacia un futuro más sereno y pacífico. ¿Qué es todo esto sino un fruto de esa alegría religiosa, hija de la esperanza en el mismo Dios de las tres religiones?

Veni, Sancte Spiritus

Veni, Sancte Spiritus
et emitte coelitus…


Ven, Espíritu Santo:
Amor
de Padre e Hijo
(Los dos,
los tres
en un uno y único
Dios.
El amor es el misterio
que desborda a la razón).

Ven, Tú, la Gracia primera,
divino Don.
Tú, de todos los pobres
Padre y defensor.

Tú, huésped
y hospedador.
Aire, brisa, viento y gozo
consolador.

Ven, luz que alumbras la noche.
Agua que limpias y riegas
la tierra seca y sin flor.
Fuego que abrasas los hielos.
Guía en la selva del mundo.
Descanso del corazón.

Ven, Don de los siete dones,
gracioso y agraciador.
Salva a quien quien quiere salvarse,
Tú que eres la salvación.

«Quedóme también poco miedo a la muerte…»

Quedóme también poco miedo a la muerte, a quien yo siempre temía mucho; ahora paréceme facilísima cosa para quien sirve a Dios, porque en un memento se ve el alma libre de esta cárcel y puesta en descanso. Que este llevar Dios el espíritu y mostrarle cosas tan excelentes en esos arrobamientos paréceme a mí conforma mucho a cuando sale un alma del cuerpo, que en un instante se ve en todo este bien. Dejemos los dolores de cuando se arranca, que hay poco caso que hacer de ellos, y a los que de veras amaren a Dios y huvieran dado de mano a las cosas de esta vida, más suavemente deven de morir.

(Santa Teresa de Jesús, Vida, 38, 5)

Últimos aforismos

El IVA siempre viene. Nunca se va.

El papa Francisco, en su homilía de Jueves Santo, dijo a los sacerdotes que le escuchaban que no pueden ser ni untuosos, ni suntuosos ni presuntuosos. ¡Nada de untos!

¿Que tiene que ver el lobo con las lobelias?