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Alfredo Ayestarán

 

Se nos murió, a los noventa años, en la enfermería de la  residencia de Loyola el  eximio jesuita vasco Alfredo Ayestarán, teólogo, filósofo, antropólogo, profesor en Deusto, en la UPV y en varias universidades hispano-americanas durante cincuenta años, especialista en Ernst Bloch… Pero para muchos de nosotros fue sobre todo uno de los pocos clérigos valientes -junto con el inolvidable Antonio Beristain- durante los años de plomo de ETA -la banda que propagó en Euskadi la enfermedad del odio (Bloch); el mismo que un día profetizó que la sociedad vasca tardaría varias generaciones en curar la enfermedad moral de insensibilidad con la víctimas, y denunció con frecuencia la imperdonable degradación moral del repugnante silencio del clero, que él encuadraba dentro de una patología que Erich Fromm llamó narcisismo de grupo de carácter maligno. – Nosotros también, que tanto le debemos, nos rebelamos, cómo él nos enseñó, contra su muerte, no por suya, sino por muerte, entendida como final radical y máxima anti-utopía, a la que él siempre opuso su esperanza cristiana profunda, provista de fundamento.

«Alegróse de ver la manera de vivir…»

 

Alegróse de ver [el padre general carmelita, fray Juan Bautista Rubeo de Revena] la manera de vivir y un retrato -aunque imperfecto- del principio de nuestra Orden, y cómo la regla primera se guardava en todo rigor [en el convento de San José, de Ávila], porque en toda la Orden no se guardava en ningún monesterio, sino la mitigada. Y con la voluntad que tenía de que fuese muy adelante este principio, diome muy cumplidas patentes para que se hiciesen más monesterios, con censuras para que ningún provincial me pudiese ir a la mano. Estas no se las pedí, puesto que entendió de mi manera de proceder en la oración, que eran los deseos grandes de ser parte para que algún alma se llegase más a Dios.

                                          (Santa Teresa de Jesús, Libro de la Fundaciones, 2, 3 )

Más evocaciones tudelanas

 

Este ochenteño tudelano, José Javier Calvo Huarte, que lo ha sido todo en Tudela, hasta escritor, periodista y profesor, no ha parado nunca. Y ahora tampoco. De la raza y la escuela de su paisano José María Iribarren, y en no pocos puntos superior a él, nos acaba de regalar el tercer volumen de sus Evocaciones tudelanas. Toda una Séptima Parte sobre Vocablos y Expresiones habituales – y no tanto- de nuestro entorno, en una edición sencila y asequible, con unas cuantas fotos en negro y en color bien seleccionadas, que hacen mucho juego con su literatura. ¡Qué escándalo que no haya una sola editorial en Navarra para acoger, editar y sobre todo publicar , -que no es lo mismo- este tipo de libros saludables…, que pueden hacer en nuestro País, en nuestra Región, en nuestra Nación histórica, más que cualquier otro elemento de cohesión por su propia urdimbre y su elemental y madura convivencia! En torno a ese inmenso tesoro de la expresión, hay 16 capítulos, 16, desde vocablos y expresiones infantiles hasta la evolución  de la nomenclatura comercial y extranjerismos, pasando por la política, la economía, la religión, la gastronomía, la agricultura, el cuerpo humano, las relaciones humanas, los estados de ánimo… Es decir, todo. Y todo con esa socarronería, con esa gracia y desparpajo sureños del Norte, que sólo tienen los de Tudela y algunos privilegiados fuera de sus muros. Sólo un maestro de lenguaje, como Javier, puede hacerlo. Qué inmenso museo vivo de palabras y excpresiones, queriendo salvarlas de la nada y devolverlas al menos al diccionario. Con este libro se ha ganado -otra cosa es que le den- un sillón en la Academia. Me pasa algo parecido a lo que le pasaba a Dámaso Alonso, cuando leía un famoso libro  de JM Iribarren: que lloraba de risa, porque no podía menos. A mí me gusta llorar de sonrisas durante toda la lectura de esta serie y de vez en cuando de risa también, que para todo hay. Qué sagacidad, qué dominio de la pieza, qué sentido del humor, qué idea tan valiente de la vida. Como en los libros de Javier todo es inmenso y no hay síntesis posible de nada, voy a copiar dos párrafos de algo que sé que preocupó a su autor, humanista ante todo, al encarar las expresiones malsonantes, soeces y procaces, que ocupan nada menos que más de 30 páginas y muchas más en la vida de muchos hombres. Lo que hizo famoso a Cela, a Calvo Huarte le hace un maestro en el conocimiento y manejo de los vocaables, en la limpieza de su trato y en el adobo humorístico justo y proporcionado:

-Repecto al vocablo kiki, los tudelanos han comparado con ingenio el nombre de un gran supermercado –Eroski- con otro gran establecimiento donde se realizan «especiales encuentros», bautizándolos como Eroskiki. De los que realizan una unión sexual rápida y sin perder  el tiempo en previos prolegómenos eróticos de conquista se dice que son de los de ¡pim, pam, fuera!, ¡chim, pam, pum!, o de los de ¡ris, rias, ya está!

-Hablando de braguetas, cuando alguien inadvertidamente había olvidado cerrarse la bragueta de sus pantalones, después de haber ido a cambiar el agua a las olivas,  o al canario,  o sea, tras realizar una micción, era avisado por el primero que advertía ese descuido, con la expresión de ¡jACINTO, la sacristía está abierta y el pajarito en la puerta! Humorísticamente se aprovechaba esa situación para testimoniar al afectado que su pajarito ya no funcionaba, con la expresión: jaula abierta, pájaro muerto.

Con razón escriber Jesús Romé Melero en la Preserntación del libro que a nosotros nos toca, con las palabras que Javier Calvo Huiarte nos ha puestro en la mano, volverlas a crear, con los propios recuerdos, y disfrutar con ellas, jugar de nuevo con ellas, como cuando las vivíamos y las oíamos por callles  y plazas.

Los plomíferos, de plumíferos

 

En su siempre actual página informática, llamada Desolvidar, Patxi Mendiburu, militante de muchas buenas causas, nos explica el porqué de su última buena acción, que él, con humor  pedagógico denomina ekintza. Levantó con sus manos en medio de una pálida manifestación ciudadana la fotografía de José Javier Uranga, director de DN, ametrallado por ETA y herido gravísimo, frente a la pancarta de los portadores de Bildu y  compañeros de viaje, incluido ahora PODEMOS, que decían manifestarse a favor de la libertad de expresión con motivo del atentado yihadista contra el semanario francés Charlie-Hebdo. Los amigos y sucesores de los que acabaron para siempre con la libertad de expresión vital de casi mil personas porque se expresaban  política y socialmente de muy distinta manera a la suya, al   considerarse, quererse y  sentírse españoles, haciéndose ahora de defensores y garantes de la libertad de expresión… Los ejecutores de cientos y miles de actos de opresión contra la libre expresión, travestidos ahora de portaestandartes  de la justicia universal… Los amigos y sucesores de los plomíferos, portadores del plomo asesino durante cuarenta años, en guisa ahora de plumíferos, defensores de las plumas libres, contra las que sus predecesores, de los que nunca han renegado, descargaron tantas veces su metralla asesina, y poniéndose, además, esa pluma sobre su cabeza… Hechos arrojadizos como éste, elocuentes de por sí, pacíficos y pedagógicos, nos han faltado demasiadas veces en nuestra larga lucha contra el terror. Y esta es también la hora de la pedagogía pública y de la respuesta clara y oportuna de la mayoría, mayoritariamente  silenciosa y corderil.

Entre el bálsamo vibrante y la dignidad trascendente

 

 La revista católica española de información VN encargó a dos diputados españoles en el Parlamento Europeo una opinión sobre la visita del papa Francisco. Beatriz Becerra Basterrechea, de UPyD, la tituló, no muy literariamente, Un bálsamo vibrante y sin medias tintas. Cuenta ella cómo pasó aquel auditorio político de  la reticencia, cuando no de la oposición a la presencia del papa, a la rendición sin remedio. El discurso papal tuvo la grandeza de la sencillez y la profundidad franciscanas, la altura y la cercanía que sólo alguien que de verdad ama y cree en el ser humano es capaz de articular y hacer creible. Para Becerra, a los eurodiputados les dejó Francisco una clara encomienda, un recordatorio de su su propia función: preocuparnos de la fragilidad de los pueblos y de las personas; hacernos cargo del presente y dotarlo de dignidad; y la exigencia de mantener viva la democracia en Europa. La diputada española escribe entusiasmada por las palabras del papa, capaz de  de hacerles partícipes de un humanismo cristiano deslumbrante, y de dvolverles una buena dosis de esperanza.- El otro diputado fue el socialista Ramón Jáuregui, que un día animó, especialmente antes de las elecciones, el pequeño grupo de Cristianos por el Socialismo, ¡pero no Socialistas por el Cristianismo!. Alguien debió de pensar entonces que Jáuregui era un católico activo, pero ahora, para evitar despistes, él comienza escribiendo: Yo no creo en Dios, pero quise oír al Papa. No soy católico, pero me interesa lo que ocurre en la Iglesia y me atrae el discurso de este Papa. Defensor decidido de la laicidad (¡ por fin, alguien que desecha la equívoca palabra laicismo!), por ejemplo en la escuela, admite el derecho de la Iglesia y de sus creyentes para intervenir en el debate público y exponer sus códigos morales en materias sensibles a sus principios. Concede, magnánimo él, que los socialistas no tienen el monopolio de la aplicación de la igualdad y de la solidaridad, y reconoce a muchos militantes de la solidaridad por sus creencias religiosas: Bien podríamos llamarlos socialistas sin carnet o socialistas por su fe (?). Le interesa este papa por su modernidad y trasparencia, austeridad y sensibilidad social: Por fin, una Iglesia de los humildes, resume. En dos palabras resume asimismo la intervención muy europeista de Francisco: dignidad trsascendente y la concreción de esa dignidad en los derechos humanos. Curiosa es su explicación de la transcendencia: Porque esos derechos, esa dignidad de las personas hay que insertarla en la sociedad, en la vida común, en el bien público, en la red de derechos y deberes de los otros . Claro que la explicación de Beatriz Becerra no es muy disimilar: La dignidad transcendente, porque va más allá del individuo y entronca con su carácter netamente relacional. En ese punto los dos políticos quedan un poco por debajo de su acertado y generoso comentario.

¿Quiénes son…?

 

Miles de pancartas en París contra el racismo y la xenofobia. Pero en el caso tragico de Charlie -Hebdo, ¿quienes son los racistas  y quiénes  los xenófobos?  Y al lema habitual y paradigmátiico de Contra el antisemitismo, muy justificado por la historia trágica, antigua y actual, de la persecución de los judíos,  ¿cuándo se le añadirán, tras lo que está ocurriendo en Asia, África y Europa en los últimos tiempos, los lemas Contra el anticristianismo y el antiIslamismo?

Soy y no soy «Charlie-Hebdo»

 

Soy Charlie – Hebdo, en cuanto estoy a muerte contra todo terrorismo. Soy Charlie – Hebdo, en cuanto estoy contra toda pena de muerte, en cualquier momento, lugar y condición. No soy Charlie-Hebdo hasta identificarme con todos sus contenidos. incluidas las blasfemias, demasiado frecuentes y groseras, contra las tres grandes religiones del mundo, y las burlas, entre injuriosas y calumniosas, de personas que merecen siempre respeto y muchas veces gratitud y veneración. Sé muy bien que ningún derecho existe, si no va acompañado del correspondiente deber de reconocer el de los demás, y que ningún derecho humano es absoluto, incondicional y separado de los otros. En las incontables veces en que he tenido que enfrentarme con crímenes terroristas, sobre todo de ETA, nunca me he identificado, por consigna alguna seudeoprogresista, o arrastrado por la moda del momento, con lo peor de algunas víctimas o con las víctimas mismas en todo aquello con que no es moralmente debido identificarse. Nadie tiene derecho a una fama que no le corresponde. Y el homenaje obligado a las víctimas no exige la rendición incondicional a su ideología y actuación.

Otra forma de totalitarismo

 

Se niega cualquier división interna de la comunidad en cuestión y cualquier posibilidad de alteridad (Ruiz Soroa), incluida la alternancia. La realidad total no está dividida ni por ideas ni por intereses. El todo es la sociedad, el pueblo de verdad, la (buena) gente, los buenos, los justos. Fuera de ello, siempre fuera, aunque parezcan estar dentro, está el anti-pueblo, la anti-patria, la anti-sociedad, la anti-democracia. El partido es a la vez movimiento, gobierno y estado. Se trata, pues, de un nacionalismo no «nacionalista», sino mucho más: un nacionalismo radical político, capaz de hacer del poder constituyente y permanente el Gran Hermano, que todo lo vigila y controla, que todo, a la postre, lo devora. Tres grados de distinta gravedad en nuestra historia: a) el franquismo, que separa drásticamente a la mitad de los españoles (la anti-Epaña) de la España una, grande y libre; b) el azañismo, que proclama la República para los republicanos, y sólo para los republicanos de izquierda, como él, ya desde diciembre de 1931; c) estos jóvenes leninistas o ex leninistas, o todo a la vez, de PODEMOS, que definen cada día quiénes son la gente, la buena gente, y quiénes la casta, la anti-gente, los «traidores», como les gusta decir, que no tienen cabida en el nuevo pueblo unido, en el nuevo reino de la bondad sin maldad, en la nueva totalidad.

¿Islamofobia?

 

             Leo en EP la extensa entrevista que le hace Silvain Bourmeau al novelista francés Michel Houellbecq -huído en este momento de París-, autor de la ultima novela Soumission, todavía no presentada al público: una imaginada victoria electoral en Francia, el año 2022, de un presidente moderado musulmán y el cambio que causa en toda la sociedad francesa, especialmente en la vida de las mujeres. El novelista se extiende sobre sus propias creencias y su reciente acercamiento a la religiosidad, sobre las relaciones entre catolicismo e islamismo,  el racismo y la islamofobia, o el fin de la Ilustración,.. Después de leer la entrevista y de reflexionar sobre ella, me pregunto: ¿Qué tiene que ver la islamofobia con el racismo? ¿O  es que a toda oposición a cualquier credo, ideología, institución, llamanos racismo? ¿Se llama racismo a la  católicofobia o a la anglicanofobia? ¿Conoce alguien algún catolicófobo que haya sido tachado de racista? ¿Es que alguien odia a los árabes por su color? ¿Es que todos los musulmanes son árabes y todos los árabes musulmanes? ¿No habrá que hablar mejor de odio ideológico o de odio religioso, en el peor de los casos, y, en el mejor, de crítica ideológica o de crítica religiosa? ¿Es que hay una civilización islámica distinta o contraria de la civilización llamada occidental? Por otra parte, y puesto que todos hablan a una, como loritos, de libertad de expresión sin más, ¿es la libertad de expresión un derecho absoluto, incondicional, intangible? Recuerdo, cuando el conflicto motivado por la publicación de las caricaturas de Mahoma en aquel periódico de Copenhague (2006), las palabras del entonces presidente del Gobierno de España, José Luis R. Zapatero, propulsor a la vez de la «Alianza de las civilizaciones». Después de recordarnos que no existen derechos sin responsabilidad y sin respeto por las sensibilidades diferentes, afirmaba: La publicación de estas caricaturas puede ser perfecamente legal, pero no es indiferente, y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político». Nadie se ha atrevido ahora a decir algo ni siquiera parecido. Pero, aparte el crimen horrendo, que todo el mundo condena y aborrece sin paliativos (?), ¿prohíbe acaso el derecho a la libertad de expresión expresiones como esas?

Lord Salisbury

 

Buena idea la del séptimo marqués de Salisbury, líder de los conservadores británicos en la Cámara de los Lores, de convertir esta polémica Cámara en una especie de Senado del Reino Unido (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte) y el Parlamento de Westminster, en Parlamento solamente inglés. ¿Por qué van a tener los otros territorios su Parlamento o Asamblea, e Inglaterra, el territorio británico más numeroso y rico, no? ¿Por qué los diputados escoceses, muchos de ellos independentistas, van a poder intervenir en  la vida de los ingleses desde Westminster, mientras los diputados ingleses no tienen nada que hacer en los asuntos del Parlamento escocés?  Sería como si Castilla y León, Castilla La Mancha y la Comunidad de Madrid (la Castilla histórica) no tuvieran Cortes o Asambleas propias, autonómicas, y sólo les quedaran las Cortes de la Nación, mientras las demás Comunidades gozaraan de Parlamentos autonómicos propios. ¡A cada cual lo suyo: Unicuique suum!