Para la mayoría de los autores, incluidos algunos árabes, que en estos días discurren sobre la situación política en Oriente Medio, y particularmente sobre el ISIS, la Arabia Saudita, seguida por Qatar, es el principal mecenas ideológico de la cultura islamista que tiene atemorizada toda Europa. Si el Daesh (ISIS, Estado califal) tuvo una madre, que fue la invasión de Iraq, Arabia Saudita y su industria ideológica puede considerarse el padre del mismo. Bien conocida es la alianza ancestral entre la monarquía saudita y el clero local, que alimenta el islamismo, que amenaza incluso el propio país y asegura al mismo tiempo la legitimidad del régimen. ¿De dónde llega la inspiración y el sostén económico de las mezquitas y los centros más extremistas y fanáticos (¡no «radicales»!) islamistas de Europa? De paises (no digo Gobiernos, que sería mucho decir) como Arabia Saudita y Qatar, con religión wahhabita oficial, y con los que el Occidente, incluida Francia, tiene las mejores relaciones y a los que vende las armas más sofisticadas. Por lo cual pudiera ocurrir que con la mente, la lengua y una mano estuvieramos sirviendo una causa, y con la mano libre que nos queda sirviéramos la contraria.