Su autor, el filósofo catalán Francesc Torralba, Premio Josep Pla en su 58 edición, reconoce en VN que ha conocido la desesperación en primera persona, como Jesús la conoció en Getsemaní. Cuando uno constata la inconsistencia de su ser, su fragilidad ontológica, se rinde: Entonces se siente enigmáticamente empujado a seguir luchando: Una fuerza, que no procede de él, le sostiene y le propulsa a seguir.
En ese momento la comunidad juega un papel decisivo. También hallamos fuerza e inspiración en los textos sagrados, en las máximas estoicas, en la Palabra de Dios revelada en la historia…
La esperanza es incompatible con la inmediatez. Todo lo grande necesita tiempo. Pero la esperanza no es una garantía, ni una evidencia lógica o matemática. Se sitúa más allá de la expectativa racional. Si hablamos de una esperanza colectiva, tenemos que aprender a esperar en el talento, la inteligencia y la fuerza vital de las generaciones venideras, a practicar la virtud ignorada de la paciencia.
Entre el ingenuismo, la melancolía y la nostalgia, por una parte, y, el derrotismo, por otra, hemos de aprender a articular un discurso que tenga legitimidad intelectual, que sea verosímil para los hombres de nuestro tiempo, Y cita a los maestros Ernst Bloch, Gabriel Marcel, Albert Camus, Emmanuel Mounier, Simone Weil, Pedro Laín Entralgo…