(Antón Raphel Mengs, inspirado en El Correggio)
Ya están ahí
los pastores
-¡Nada de bucolismos.
Son pobres entre los pobres!-
con sus cayados y perros,
sus pellizas y zurrones.
Descalzos y, sin embargo,
erguidos como señores.
San José mira sentado,
esta vez mucho más joven,
y María, iluminada
por los fulgores
del Niño, luz fontanal,
fajado con los pañales
de la finitud del hombre.
Más que leche y miel, le traen
sus trabajos, sus penares, sus sudores.
De ángeles se llena el cielo
y el mundo de luz de albores.