A pesar de los penaltis…

 

      A pesar de los penaltis, que nos deslucieron la fiesta de la Constitución, seguiremos tan constituidos como antes.

No le quito importancia al fracaso. Veníamos de comprar mazapanes en Soto en Cameros. En la plaza de Juan Esteban Elías, el indiano generoso que financió el gran edificio de las escuelas (1822), y en tormo a su estatua, aún permanecían cerradas las barracas de la pasada y primera Feria del mazapán. La primera parte del partido la vimos en el Casino, pintado y adornado a la manera cubana. Solo nosotros nos movíamos por el pueblo solo. Apenas el río Leza llevaba agua  para que se le notata el paso bajo el puente gtrande. La segunda parte, retransmitida en Onda Cero  por un crack tan patriota como nosotros, era tan agobiaora, que apenas la niebla baja invadiendo todo el Cañón de Río Leza podía sosegarnos y tranqulizarnos. Y asi hasta llegar a casa, y oír, después de mucho rato, que habíamos sido expulsados por los penaltis del estadio del maldito Mundial de Qatar. Mi dilecto y sereno José Sámano me serenó pronto. ¿De verdad, también los futbolistas españoles tenían miedo, como Sánchez, de no ganar? A otro perro con ese hueso…

No le quito importancia al fracaso. Sé que para muchísimos la decepción,  el enfado, la rabia, la crítica acerba contra el el entrenador y contra algunos o todos los jugadores redundará en una baja estima, en una disminución del patriotismo y de amor al país, que es malo, malísimo para todos. Así somos. Así venimos. Así hemos sido educados.

Pero eso se pasará pronto. Cambiará o no el entrenador, casi siempre el chivo expiatorio nacional. Se rehará, madurará la Selección nacional ¡Que roja ni qué niño muerto! Volverá la Liga y se llevará las últimas maldiciones.

Y ni los penaltis tirados, para más inri, por marroquíes, el día de la Constitución, ni la última treta de Sánchez, la rebaja de la malversación para contentar a sus sostenedores y malversadores de la patria, podrán deconstituirnos.