Después de unos días con pocas lluvias, algunas nieves altas y fuertes vientos, amanece un día de diciembre soleado, algo ventoso y fresco de último otoño. Como la poca luz de tarde nos recorta cualquier salida lejana, elegimos objetivos cercanos, como este tan querido de Etxauri, cuya necrópolis nunca nos había llamado la atención. a pesar de haber estado muchas veces cerca.
Lugar privilegiado, en el Camino del Soto, por donde vamos cada años a los cerezos, en la terraza fluvial que dio asiento a los segundos pobladores entre el Eneolítico y el Bronce, aprovechado también por los romanos. El antiguo camposanto se extiende al este del palacio de los Mora -torreón del XV y cuerpo palaciego con portalón del XVII-, ahora palacio turístico rural, al que está adosada la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, que guarda una Virgen y un retablo de comienzos del XVII.
En una superficie de 1.300 metros cuadrados, hoy cubierta por el yerbín, se registraron 168 sepulturas, de las que se excavaron 99. La mayoría de ellas tienen forma de cista, con cubiertas de piedras. Los cuerpos de personas adultas e infantiles estaban en posición de decúbito supino, con las caras mirando hacia oriente (el sol, Tierra Santa). Algunos de los esqueletos presentaban deformidades en la extremidades y dentaduras. La estatura solía ser superior a los 1′ 70 m., y se encontró una que medía 1´95 m.
En seis de ellas se han puesto estelas discoideas, con las clásicas cruces, rosetones, margaritas… esculpidas en las dos caras.
Junto a los muros de la ermita montan la guardia tres espesos cipreses itálicos, tal vez supérstites de algún rodal de cipreses que guardaban la necrópolis original. En el flanco norte del área dos tilos ornan el suelo a sus pies con sus penúltimas hojas otoñales, y un corro de boneteros fijan el perímetro.
El último otoño se refugia en las lanzas de los chopos que bordean el Arga, que pasa ahí abajo, a los pies de la terraza fluvial, y en las rosas que todavía lucen al inicio de los tajos de la viña, como han llamado siempre en Etxauri al gran plano viñedal hoy propiedad de Bodegas Otazu. Los nuevos amos acaban de cerrar a cal y canto de hierro cortén el camino, que lleva hasta la iglesia, el palacio y el pequeño caserío.