Pedro Sánchez en el pupitre

 

                                 No esperábamos gran cosa, ni poca, de la presencia del presidente del Gobierno en la comisión Koldo del Senado. Y hasta temíamos lo que acabó sucediendo. El reo estaba alto y los acusadores, bajos. Sánchez contaba con todos sus socios, excepto (PNV y BNG (que, fieles, no quisieron participar en lo que todos ellos llaman circo y comisión de difamación). Pero los sumisos representantes de BILDU, ERC y su servilísimo del PSOE le dieron la pátina progresista y protectora, que le confortó mucho durante las cinco horas de interrogatorio. El vocero de JUNTS quiso representar, vehemente, el nuevo momento de relaciones de su partido con el sanchismo, pero sus muchos pactos anteriores y su catalanismo agradecido le impedían aparecer como un verdadero opositor.

María Caballero, de UPN, y el portavoz de COALICION CANARIA, con su moderado buen tino,  fueron los más eficaces, -así lo han reconocido casi todos los medios-, y le sacaron las respuestas más comprometidas al presidente.  VOX, como siempre, fue su mejor aliado. Y el altavoz del PP, que tiene arrestos, tal vez genéticos de su tatarabuelo Mariano José de Larra, lo hubiera hecho mucho mejor, algo más contenido, si no hubiera intentado todo el rato imitar y hasta superar a los fiscales norteamericanos de las películas.

Pero el factor principal, ya se sabe, era el mismo Sánchez, acostumbrado a mentir, engañar, ocultar, disimular, y sobre todo a dar garrotazos goyescos al enemigo, que nunca es solo adversario. A un amoral  político, como es él. no se le rinde con la verdad, la veracidad o la verosimilitud: él está por encima de todo eso. Y cuando no puede responder, se blinda con el que yo sepa, no; no me consta; no me acuerdo; no lo sé…, pero raramente sin atacar de rondón al enemigo sacando a colación hechos probados o no, juzgados o no, fechorías, infundios, chascarrillos, que producen impresión en el auditorio y hace olvidar la acusación o el interrogante primeros: el argumento y tú más del argumentario popular, donde siempre gana el que más grita, el que más se ríe o el que pega el último.

Ninguna comisión parlamentaria, en lo que nosotros conocemos, ha añadido un gramo de verdad judicial a ninguna de las causas en juego. Después de esta comparecencia, estamos donde estábamos. Pedro Sánchez sigue siendo el trilero de antes, eso sí, ahora con gafas Dyor y alguna posibilidad más de tener que responder en algún tribunal: algo es algo. La España política, dividida, fragmentaria, acanallada, también más confirmada que nunca.

Dejémonos de gruesos vocablos y de juicios rotundos y definitivos. Es lo que hay.