«El influencer de Dios»

 

                                                             En el nº. 1978 de XL Semanal, de esta semana, Isabel Coixet, directora de cine y guionista española, presenta la reciente canonización por el papa León XIV del joven italiano Carlo Acutis, muerto en 2006 a la edad de 15 años, de manera muy particular y, de cabo a rabo, e indisimuladamente, desde una óptica anticlerical y antieclesial, en la mejor tradición española:

Una vez más, con el cinismo más refinado de quien ha visto demasiadas películas para creer en la santidad de los hombres, y menos aún de los niños, el Vaticano ha decidido que es hora de renovar su plantilla de héroes. Porque si algo necesita la Iglesia, esa venerable institución que ha sobrevivido a los Borgia, a las zapatillas de Prada, al banco Ambrosiano, a los beatos que resultan pedófilos y a mil cosas más que nunca sabremos, es un lavado de cerebro. Y qué mejor manera de hacerlo que con la santificación de un adolescente.

Un lavado de cerebro. No con un mártir o un místico, sino con un pío «millennial» que, según cuentan, dominaba las redes sociales con una devoción digna de un becario de agencia de publicidad. Su arma no era la fe ciega, sino el código de programación. Sus milagros no eran curar leprosos, sino crear página web sobre milagros. Una suerte de gurú digital del más allá.

Una vez desfigurada la persona, convertida en muñeco, y vaciado de cualquier realidad -un pecado muy grave para una guionista y directora de cine-, lo demás ya es cosa de  coser y cantar. Aquí incluye también al papa, que con la solemnidad de un anuncio de Apple, ha llegado a proclamar su santidad: Un movimiento audaz, un golpe de efecto que busca desesperadamente conectar con esa juventud que prefiere los vídeos de TikTok a los salmos. La estrategia es clara: si no puedes con ellos, únete a ellos. Pero, en lugar de seguir a un «tiktoker» de 14 años, los curas quieren que los sigan a ellos.

¡Los curas! El palabro de los anticlericales progresistas del siglo XX. Pero la directora de cine se equivoca de medio a medio, dada su ignorancia de lo que habla: porque la canonización del titktoker –san Carlo Acutissignifica la más solemne directiva para seguir la vida y milagros del mismo.

Un milagro, sí, pero un milagro con «hashtag, resume Coixet la superficial y falsa biografía del nuevo santo, con el mismo tono de zumba con el que comenzó. Y así es, en verdad, pero con el hashtag de su hermosa y alegre vida, enamorado de Cristo y lleno de amor por los que le rodeaban.

Y si la falseada historia no da para más, quedan el futuro y el Vaticano: ¿Qué será lo próximo? ¿Un santo «youtuber», Una virgen (sic) que graba «vlogs sobre su ascensión? [ (¡por asunción!) ] ¿Ángeles de verdad apareciéndose a las modelos de «Victoria ´´  s Secret»?

Y este bobo final, pretencioso y ridículo: La fe, al parecer, se ha vuelto negocio de nicho, y la Iglesia ha aprendido, por fin, a vender su producto al consumidor más exigente del mercado. La salvación, ahora por fin, tiene sus «reels»· y su «soundtrack» y sus «followers». ¡Virgencita, que me quede como estoy!