Cuatro días más tarde, llegamos a Garinoain y, pasando por encma del Cidacos y de las vías del tren, tomamos la pista que nos lleva a la ermita de Santa Cecilia, rectangular, a dos aguas, que conocemos desde hace muchos años: subida a un teso en forma de óvalo casi perfecto, solo desfigurado por el camino que sube hasta la la ermita, que tiene su romería el martes anterior a la fiesta del Corpus Christi. Desde que la vimos por vez primera, vimos en ella un castro protohistórico, dada su configuración, el muro de piedras que corría por sus límites, los derrumbres de piedras, sobre todo en la parte occidental y septentrional, su doble foso… Sobre la puerta, una inscripción: Santa Cecilia, ora pro nobis, y encima, una sencilla cruz. Unos lirios azules suelen florecer junto a la puerta en tiempos de la romería. Un coro de robles, propios de la zona, rodea a la ermita por casi todos los lados. Como en el caso de los castros anteriores, no se ha llevado a cabo estudio alguno acerca del poblado protohistórico. Probablemente, tras el paso de los romanos, la población del castro pasó a vivir in planum, a un terreno más llano, al sur del cerro, como casi todos los poblados de su época.
Y ya puestos, nos vamos a buscar el útimo castro local conocido, el de Ohianburu -cabeza o límite de bosque-, en la muga con Artajona. Pero hemos tomado el camino incorrecto, buscamos por lugares incorrectos -una gran pieza en pendiente, con algnos montones de piedras que nos despistan, rodeada de coscojas y encinas- y no encontramos nada. Pero tenemos la suerte de encontrar un desfile de hormigas, nunca visto. Desde la maleza de un ribazo salen en filas de diez o doce, formando una cinta negra bien visible, y durante veinte o treinta metros recorren el sendero de entrada a la serna, luego siguen por la pista principal, en un momento dado se dividen en dos filas para reagruparse de nuevo, hasta perderse para nosostros en la maleza de otro ribazo. La mayoría de ellas llevan alguna carga en la boca- Es la primera vez que hemos visto un hormiguero tan copioso: millones de hormigas corredoras, veloces, disciplinadas, hacendosas, que van o vienen a/de su trabajo cotidianao, tal vez hoy extraordinario, mientras nosotros… buscamos un castro.
Desde Oihanburu el mapa la Valdorba es espléndidao, aparte el arco iris que nos regala durante un rato su collar de colores. De una parte a otra del arco de visión, los molinos eólicos -quizás la más grande concentración de toda Navarra- son aves blancas gigantescas, que revolotean sin parar bajo e cielo azul de la tarde en retirada. Volviendo hacia Garinoain el penúltimo sol nos va rosicleaando el cerrito de Santa Cecilia, y a la vez la cima de Pueyo, las estampas de Sansoain, Garinoain-Barasoain, Solchaga y su ermita, Unzué y su penacho rocoso…,. para luego, tras quitarles el color, verlos palidecer y seguir con su color de tierra o su color de cal.
Vamos a las Ventas de Garinoain, donde Amendáriz encontró el miliario, a la vera del Cidacos y de la carretera N-121. Se edificaronn en torno a la ermita o iglesia de San Clemente y se llamaban Posaderías de San Clemente. La iglesia, que no aparece ni en el Catálogo Monumental, era sede de la cofradía de la Trinidad, existente al menos desde mediados del siglo XVI. Se llamaron igualmente Ventas del Hospital, así como El Mesón. Que de todo debio de haber aquí. Está casi oscuro cuando nosotros nos acercamos a un hilada de cuatro edificios de dos plantas, a la puerta de uno de los cuales hay unn señor entrado en años. Le saludamos y todo eso, y le preguntamos cuántas personas viven allí:
-Antes estaba yo solo. Ahora ya somos tres. Aunque eso no se si es para mejor…
Nos dice que para ver la antigua iglesia es mejor verla por atrás. Y la verdad es que el primer edificio, aunque no lo parezca, es una iglesia de piedra de sillería con planta rectangular, de una sola nave, con ocho gruesos contrafuertes laterales y cubierta de teja sobre canecillos lisos. Seguramente de finales del siglo XII o comienzos del XIII. La iglesia fue convertida hace mucho tiempo en vivienda y fue desfigurada exteriormente casi por completo. La pared lateral oriental está totalmente cubierta por la hiedra, donde duermen decenas de gorriones, que se asustan por nuestro paso y salen de estampida. Las otras dos casas contiguas son muy sencillas, con huertas y corrales en la parte trasera, pero la vivienda que lleva el número 1 es una casa reciente, que tiene una losa a la entrada, que algunos creen fue un ara de altar, pero yo creo ver en su cabecera el pomo de una espada, parecido al de la lápida funeraria. de Eristain, por lo que podría ser otra del mismo tipo, trasladada desde el interior de la iglesia de San Clemente.
Cerca de aqui, entre un montón de piedras, expuestas para la venta, tras la demolición de alguna de estas casas o corrales, encontró Armendáriz el miliario y lo puso a buen recaudo. Tanto él como Velaza sostienen el trayecto de la calzada romana entre Jacca y Vareia por los poblamientos protohistóricos y romanos de Murubitarte (Alto de Lerga) San Juan y Mendigain (Maquirriain de Valdorba,) Murugain (Garinoain), donde se juntaría con la calzada mayor entre Summus Pyrineus-Pompelo-Cara-Cesaraugusta, para seguir cerca de Santa Cecilia, Oihanburu, Cerco de Artajona, camino de Andelo y, en dirección a Vareia. Mejor que el defendido por otros arqueólogos: San Martín-Tafalla-Artajona.
Estamos, pues, en un nudo viario del Imperio de Roma en la Hispania Citerior. Ahí es nada.