El último libro del profesor vasco de moral social José Ignacio Calleja, Los olvidos «sociales» del cristianismo nos pone de relieve, con inusitada audacia, demasiado reiterativa tal vez, los olvidos, las ocultaciones, los excesos, los unilateralismos, las obsesiones, las manías, los abusos…, no del cristianismo como tal, sino de la Iglesia, recalcados por un hombre de Iglesia militante, por un buen servidor cotidiano que la ama profundamente. Me llama la atención sobre todo, dejando por ahora otros aspectos más sabidos y resabidos, la crítica a la doctrina habitual de los dos últimos papas sobre el relativismo religioso y moral, cuyo antidoto indispensable para los dos pontífices es sólo y únicamente la adhesión a los valores del cristianismo, lo que al autor le parece que hace imposible la laicidad política. Una crítica severa merecen, según Calleja, muchos pronunciamientos públicos de la Iglesia sobre cuestiones morales, porque una cosa es la luz de la fe y otra la luz de la razón, y los argumentos basados en la ley natural son de razón y no de fe. Al autor le desagrada mucho igualmente la reticencia de cierta Iglesia frente a la ética civil, tan necesaria en una sociedad democrática, plural y muchas veces laica. Como le desagrda y le irrita el que muchos se piensen todavía dueños o servidores de un saber revelado que nos ahorre cualquier mediación técnica para enjuiciar la realidad social, cuando nuestro lenguaje social no puede menos de estar construido con los útiles de las ideologías sociales, de las que no podemos prescindir en nuestra vida. Un autocrítica, como se ve, hecha desde dentro, con lucidez en general y a ratos con cierta ingenuidad, cuando no con cierta falta de autocrítica de su misma crítica. Una labor encomiable.
