Acción directa

Oí ayer por televisión a unos jóvenes que participaban en una de las refriegas violentas en las calles de Barcelona gritar:¡Acción directa! ¡Acción directa! Éste fue el lema sagrado del anarquismo para significar desde un nuevo estilo sindical hasta una consigna revolucionaria de acción inmediata. Toda una tradición romántica del anarquismo, desde las hagiografías de  Bakunin, pasando por la historia de Anselmo Lorenzo, hasta la exaltación por Carme Chacón del anarquismo aragonés de su abuelo nos han hurtado la vista, directa también, de la tragedia que fue la acción directa, violenta casi siempre, del anarquismo español, que durante la Segunda República tuvo sus momentos fuertes en diciembre de 1932, enero y diciembre de 1933, octubre de 1934 en Asturias y en la revolución sangrienta y feroz de 1936-1939. Esos gritos en la Barcelona de 2012, mientras se quemaban contenedores y coches, se levantaban barricadas y se destruían bestialmente los comercios más cercanos, me sobresaltaron. Toda una historia funesta y repetida se me vino encima. ¡Que no sea el lema de los próximos meses!