Que el encuentro entre el Patriarca de Moscú y de toda Rusia, Kiril, y el papa de la Iglesia católica, Francisco, haya sido «un regalo de Dios», como ha dicho este último, no cabe duda. Pero que el encuentro haya sido el primero entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa, desde 1054, siendo Miguel Cerulario patriarca de Constantinopla, como algunos medios de comunicación vienen sosteniendo estos días, no deja de ser un error mayúsculo, fruto de una increíble ignorancia. Todos los que tenemos una cierta edad recordamos el abrazo histórico entre Pablo VI y el patriarca de Constantinopla, Atenágoras, el 5 de enero de 1964 en Jerusalén, y las varias mutuas visitas entre sus sucesores desde entonces, además de la presencia de los ortodoxos en el Concilio Vaticano II y en algunos sínodos católicos. La sede de Constantinopla es la sede primada de la ortodoxia cristiana y es la que cuenta en el calendario de los acontecimientos históricos; con ella ha hecho la Iglesia de Roma notables progresos ecuménicos. Es cierto que el patriarcado de Moscú, instituido en 1325, por traslado desde Kiev, y separado del de Constantinopla en 1448, con 165 millones de fieles, extendidos por todo el mundo, abarca un territorio y una población mucho mayor que el anterior, pero su significación histórico-teológica es menor. La verdad es que, si muchos motivos ha impedido hasta ahora este encuentro, la persecución de los cristianos en Oriente Medio y en África ha movido a los dos jefes espirituales de las dos confesiones cristianas más numerosas, que tanto saben de persecuciones, a dar este buen paso. Otros vendrán después. Es un notición histórico en medio de la turba multa de noticias menores de todo tipo.
Postadata. No he podido menos de recordar aquella temprana visita al Vaticano. el 5 de septiembre de 1978, del joven metropolita de Leningrado, Nikodim, de 48 años, segunda autoridad de la Iglesia ortodoxa-rusa, autor de una tesis doctoral sobre el Papa Juan XXIII, y que murió por un séptimo infarto de corazón a los pies del papa Luciani, Juan Pablo I, durante su encuentro con él. De Nikodim dijo Luciani que a nadie le habia oído decir cosas más bellas sobre la Iglesia católica. Injustamente, aquella muerte trágica, seguida poco después por la del mismo papa en su cama, pertubó todavia más las relaciones entre las dos iglesias y creó en Rusia un clima de aversión notable a los católicos, que duró un decenio. Por eso este encuentro entre los dos líderes espirituales en la neutral Cuba es el segundo acto de aquella visita de Nikodim. Pocos han hecho tanto como él para conseguirla.