Tras la JMJ en Panamá

 

         Son tantos los acontecimientos eclesiales de magnitud superior en los últimos tiempos -Sínodo de la Juventud, Jornadas de Taizé en Madrid, apertura de relaciones diplomáticas entre el Vaticano y la República de China, informes de todo género sobre los abusos sexuales en la Iglesia,  viajes del papa a los Países bálticos, Panamá o Emiratos Árabes…-, que no sabe uno por dónde comenzar, en qué quedarse y dónde acabar. Por otra parte, sólo unas pocas revistas o páginas informáticas especializadas dan información solvente y no es fácil a veces separar lo relevante de lo meramente actual, pintoresco o estruendoso.

Tengo entre manos una entrevista hecha en Panamá con Rómulo Aguilar, coordinador de la Jornada Mundial de la Juventud, al día siguiente de los cinco días que duró: con cientos de miles de jóvenes -siempre menos que cuando se celebra en una capital con muchos millones-, con casi 500 obispos, con  catequesis en 25 idiomas, 20.000 voluntarios panameños y 2. 445 voluntarios internacionales… En la primera diócesis en tierra firme, desde donde se irradió el Evangelio a todo el continente americano, la JMJ, que se estrenaba en Centro América, ha sido para Aguilar todo un éxito, éxito que, según algunos corresponsales españoles, se debió sobre todo a una perfecta organización, que  calificarían como la mejor entre todas las habidas hasta hoy. Y todo ello, pese a los apuros sufridos para la recaudación de fondos  y para poder alojar a todos los peregrinos en un pais tan pequeño. Cuando le preguntan al coordinador con qué se queda de toda la «realización», no duda en responder: me quedo con los vínculos nacionales e internacionales que se han creado. No hay actividad en la Iglesia que pueda lograr esto. Y termina uniendo la JMJ con el Sínodo de la Juventud, en un sincero arrojo de optimismo: Con el papa Francisco se ha abierto una puerta para la juventud. Él sí le ha dado un verdadero protagonismo. Ellos tienen ahora una palabra en la Iglesia. Son parte relevante en la pastoral eclesial. Probablemente ellos dan más a la Iglesia que la Iglesia a los jóvenes. Los necesitamos…