«… por el camino de todo el mundo»

 

   En el libro que lleva su nombre, Josué, sucesor de Moisés, ya avanzado en edad (110 años), tras convocar a todo Israel, resume la obra de su vida, o, mejor, la obra que, por su medio, ha hecho Yahvé con su pueblo, introduciéndolo en la Tierra Prometida, que mana leche y miel.  Y allí le da los últimos consejos: amor y lealtad a su Dios, huyendo de otros dioses, bajo la amenaza de un severo castigo divino que lo borrará de la espléndida tierra que les ha dado: Reconoced con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma que, de todas las promesas que Yahvé vuestro Dios había hecho en vuestro favor, no ha fallado ni una sola: todas se os han cumplido.

Y les anuncia su  próxima muerte con una sencilla y preciosa fórmula, que bien podríamos copiarla: Mirad que yo me voy por el camino de todo el mundo (Jos 23,14).