Saber comunicar

Vi, cómo no, el programa Salvados, de Jordi Évole, hace dos domingos. La parte juídico-histórica del tema de ese programa la dejo para una mayor reflexión, sobre todo cuando veo en un medio digital un informe del arzobispado de Pamplona sobre las propiedades de la Iglesia. Dentro del programa, no me gustó el desdén entre seudoprogresiata y anticlerical del diputado por Navarra Juan Moscoso, perturbado visiblemente por su contradicción entre lo que alardeaba de querer hacer y lo que había hecho su partido en los últimos ocho años, aparte de confundir la asignación personal para la Iglesia en la declaración de renta  de los ciudadanos con la «asignación del Estado a la Iglesia», juzgar demagógicamente la actuación de los obispos estos últimos años, etc. El representante de la plataforma popular en Navarra contra las inmatriculaciones de la Iglesia, de brillante dialéctica, confundió lamentablemente los edificios de culto con otros bienes eclesiásticos, heredados o donados, y no fue claro, ni mucho menos, al explicar la legislación nacional. El ex alcalde de Ciriza no distinguió entre pueblo y comunidad cristiana, y llegó a decir que el templo había tenido un primirivo uso civil, confundiendo tal vez la reunión del concejo abierto en el atrio de la iglesia con  una casa consistorial, que nunca fue el  templo. Pero los casos de la propiedad del albergue de peregrinos de Pamplona, contado por el el portavoz de la plataforma, o el de la casa de la mestra, relatado por el ex alcalde, no quedaron claros, con toda la carga de parte en contra de la Iglesia. Pareciera que el representante del arzobispado -un arquitecto joven, según me dicen- aclararía, al menos, la cuestión. Nada de eso. Nos dio a todos los televidentes una lección de ignorancia, no sé si supina o afectada. Para colmo, terminó sus tartamudenates raciocinios con la broma pesada o con el soso chiste de que la Iglesia es un bicho raro, una rara avis, porque… es única. Mal argumento para contestar a quienes sostienen que es un ave rapaz o un mal bicho. ¡Pobre arzobispado de Pamplona, que se sirve de tales comunicadores incomunicantes y contracomunicantes!