Estos días de octubre son los mejores para visitar el bosque de Orgi. Para ver caer las hojas granates de los robles americanos que aún quedan, y las doradas y sienas de los robles comunes autóctonos. Para dejarse acariciar, envolver, y llevar por el otoño.
Navarra es tierra de robles, robles comunes, albares, pubescentes, melojos o marojos, y quejigos. El roble es el segundo árbol de nuestra tierra, por su extensión, su tradición y su simbolismo. El común (quercus robur) pedunculado o noble, llamado también roble del país, forma sombrosos bosques en la Navarra noroccidental, desde los fondos de los valles hasta las medias laderas donde cede ante el haya. Alcanza hasta los 50 m. y una venturosa longevidad; resiste bien los fríos y calores, pero prefiere los suelos profundos, sueltos y frescos. Es un árbol de pies húmedos.
No es frecuente encontrar un robledal como el de Orgi (Lizaso) en una llanaura. La mayoría de los ejemplares de roble común rondan los dos siglos. Algunos tienen doscientos años. Más de medio siglo cuentan los esbeltos robles americanos, la especie más vistosa (quercus rubra), que antes poblaban la zona de acogida, como guardia alta y noble, pero que, por su debilidad, no resistieron los cierzos más fuertes o fueron, casi todos, abatidos.
El bosque de Orgi, próximo al club de golf Ulzama, es hoy Área Natural Reservada, cuidada y protegida. En la zona de paseos el visitante puede andurrear por caminos anchos o sendas bosqueriles; pisar o saltar las pasarelas sobre los regachos; subir a la cantera de ofita; perderse en el laberinto; sentarse en los cómodos bancos de madera; oír cantar a los carpinteros, paros y trepadores; buscar lirones y ardillas; esperar pacientemente al corzo y al jabalí. O mirar atenta y sosegadamente a los robles, los cerezos. arces, fresnos. olmos, serbales, viburnos, cornejos, espinos, saúcos, endrinos, acebos, ruscos, zarzales, helechos…, vecindones y compañeros habituales del roble común. Y a las mil flores que alegran los meses de primavera y verano. Y al cielo protector.
Hace cuarenta años, el director de cine británico Richard Lester eligió el bosque de Orgi para rodar algunas aventuras de Robin Hood. Hoy todavía, al atardecer, sobre todo si es tiempo de niebla o lluvia, puede verse a los fugitivos de Sherwood tomando posiciones con sus arcos en las ramas más altas de los robles centenarios.