Es demasiado fácil decir que los problemas que se resuelven con dinero no son problemas. O que no hay problema alguno. Y hasta que el verdadero problema son nuestros falsos problemas. Es verdad que algunos de ellos son falsos y hasta falsísimos. Porque pro-blema es aquello que nos sale al paso y nos impide avanzar. Y lo cierto es que no siempre el problema es la idea que uno tiene sobre una determinada situación, sino que a veces el impedimento real existe, y es parte del dolor, del sufrimiento humano, y tal vez no fácilmente superable. Aunque igualmente es cierto que algunos de esos muchos problemas, que nosotros endilgamos a los otros -¡los demás!-, son solamente nuestros, o mayormente nuestros, dependiendo su resolución, en buena parte o totalmente, de nosotros. Y entonces, sí, entonces los problemas que se nos ponen delante de nuestro camino vital -la vida es sobre todo camino- pueden ser, antes y después de ser resueltos, unas estupendas oportunidades para avanzar.