Por el Parque Natural de Izki (II)

 

(EL TRASLADO DEL DISCO DURO A LA ENFERMERÍA ME HA RESTADO DOS DIAS DE BITÁCORA)

 

         Desde el área de recreo, bajo grandes peñascales grisáceos, subimos por un camino pedregoso que se mete en un congosto sombrío entre peñas, por donde baja, profundo, hacia el río Izki uno de sus afluentes montanos. Preguntamos a la primera paisana que vemos el nombre del arroyo y no sabe decirnos. Junto al  puente gótico hay unos hortancos, con cebollas mayormente. El viejo lavadero, que tomaba el agua del barranco de la Presa es el primer monumento del poblado, junto a los restos de la muralla primitiva.

Corres es el único núcleo de población dentro del Parque y donde se encuentra el Centro de Información. Por ser zona fronteriza, fue una villa muy disputada entre los reyes Alfonso VIII de Castilla y Sancho el Sabio junto a su hijo Sancho el Fuerte de Navarra por la posesión del castillo de la Portiella, conocido como el castillo de los Moros, construido a la salida del citado barranco y en lo alto de la picota de Soila. En 1204, ya bajo el dominio de Castilla, Alfonso el Sabio le concedió fueros. Al correr de los siglos, de los Gaona pasó a los  Lazcano y después a los Valmediano. Su rioqueza era la ganadería y el carbón. A comienzos del XX comenzó la explotación de los yacimientos de alfalto de la mina San Ildefonso y la construcción de una presa para la electricidad. Sus 25 habitantes de hoy viven en las tres calles paralelas y prietas, con algún pasadizo entre ellas, de origen medieval, que van de Norte a Sur, en viviendas rehabilitadas y en algunas casas nuevas de los alrededores. En las primeras estribaciones del monte Soila, a un tiro de piedra desde el poblado, se encarama la enorme iglesia parroquial de San Esteban, ahora cerrada al culto y en fase de restauración.

En la zona septentrional del poblado está el Centro de Información, un espacio amplio y luminoso. Pero antes de entrar a ver un estupendo reportaje sobre el Paque, tomamos un refresco en el bar de al lado. La exposición permanente y didáctica del Centro, con mapas, paneles, fotografías, muestras botánicas, copiosa edición de folletos y mapas de la zona… es muy interesante, y la joven solícita que nos atiende es un nuevo ejemplo de servicialidad, discreción, simpatía que vamos encontrando en Álava y en todo Euskadi. Le preguntamos por cómo han recibido los paisanos la novedad y la aportación del Centro en esta soledad montana… No lo voy a contar.

Nosostros, en cambio, como señoritos foráneos que somos, sin que se oponga a ninguno de nuesrtros intereses, bajamos muy contentos, deteniéndonos de continuo en las mil flores, árboles y arbustos del camino, que nos lleva hasta el área de recreo, que ya se va aclarando.

 

 

Por ser zona fronteriza, fue Corres una villa muy disputada