Con Estudios Sinfónicos, de Schumann,
Iberia, de Albéniz,
La Valse, de Ravel, o Mazurca, de Lecuona,
las manos precisas y seguras,
velocísimas,
del pianista cubano
han hecho, esta tarde, del piano una orquesta
expansivamente generosa.
Han ido levantando por doquier
oleadas de música,
ventoleras de música,
derramando
soles y lluvias de música,
nieves serenas de música.
Nos han colmado de música,
embebido de música,
arrebatado de música.
Manos creadoras,
digitos certeros,
brazos lanzadores
de música.
Todo el teatro
fue solo música.
Todos fuimos tan solo música.