Permisividad-violencia

¿Una permisividad intelectual y práctica extrema del aborto, concebido no pocas veces como un método anticonceptivo más, cuando no convertido en santo y seña de progresía y modernidad («¡Yo también he abortado o ayudado a abortar!») no puede ser entendido como violencia estructural? Pero la sola hipótesis enfurece al poderoso grupo de presión femenino-masculino: perdería una de sus señas de identidad más patrimoniales.