Partidolatría

La corrupción no es sólo cosa de dineros. La corrupción de las personas, como la del pescado, según el viejo refrán vasco, comienza por la cabeza. Corrupción por egoísmo, orgullo, prepotencia, vanidad, desprecio del otro… Corrupción por hacer del partido (de lo propio, del grupo, de uno mismo) la patria verdadera, la comunidad superior, muchas veces el ídolo de la vida. Ahora todos los periódicos subrayan que el destituido Bárcenas, imputado en el caso Gürtel, estuvo trabajando en la sede del PP hasta hace bien poco tiempo. O que Jesús Sepúlveda, el alcalde destituido  de Pozuelo, imputado en la misma trama, sigue siendo asesor del partido.Y antes fue Camps, defendido hasta última hora. Y antes… el PSOE hizo lo mismo con los responsables de los ERE en Andalucía, hasta  el final. Y antes más… Barrionuevo y Vera fueron héroes del partido hasta después de ser juzgados, condenados y encarcelados. Y así, CIU, PNV, IU…  casi siempre, hasta que no se puede menos y hasta cuando no se puede más. Porque el partido, es decir, el interés particular de unos cuantos sigue estando por encima del interés de todos. La partitocracia. Pero antes,  la partidolatría.