Dios mío, en quien creí
y, entre las nieblas de las dudas, creo.
Nadie te puede entender,
y tampoco yo te entiendo.
Con el peso de los siglos,
a mi modo te amo y a mi modo te espero.
No dejes que mi vida
termine en el crematorio del cementerio.
Recréame y llévame contigo
al paraíso que eres Tú, y que llamamos cielo.