Con su libro Historia del Silencio: Del Renacimiento a nuestros días -título demasiado pretencioso-, Alain Corbin, sin salirse apenas de la literatura francesa, quiere romper cien lanzas en favor del silencio y liberar al lector de esa hipermediatización constante, de ese incesante flujo de palabras que se le impone al individuo y lo vuelve temeroso del silencio. Hoy día, cuando es difícil que se guarde silencio y ello impide oír la palabras interior que calma y apacigua. La sociedad -continúa- nos conmina a someternos al ruido para formar asi parte del todo, en lugar de man tenernos a la escucha de nosotros mismos. De este modo se altera la estructura misma del universo.
EL SILENCIO DE LAS ESTANCIAS
Toda estancia es, según Paul Claudel, un vasto secreto. La habitación es, por excelencia, el lugar íntimo del silencio. – Baudelaire proclama el deleite que le causa encontrarse de noche, recogido por fin en la propia habitación: Descontento de todos y descontento de mí, bien quisiera rescatarme y enorgullecerme un poco en el silencio y la soledad de la noche. – Para Rilke, la felicidad nace de la ósmosis entre el espacio íntimo y un espacio exterior indeterminado. entre el cuarto silencioso de una casa heredada y el jardín luminoso donde los pájaros cantan y se oyen las campanadas del reloj del pueblo. Y la madre que rompe amorosamene ese silencio: Oh, madre, tú, la única que alteraste ese silencio, antaño en la infancia. La que carga con él, y dice; no temas, soy yo.
Julio Verne, en su farsa Une fantaisie du docteur Ox, contrapone el silencio a los ruidos habituales de la mansión flamenca del burgomaestre Van Tricasse: una mansión tranquila y silenciosa, cuyas puertas no chirriaban, cuyas vidrieras no vibraban, cuyos tablones del suelo no gemían, cuyas chimeneas no zumbaban, cuyas veletas no rechinaban, cuyos muebles no crujían, cuyas cerraduras no traqueteaban y cuyos huéspedes no hacían más ruido que su sombra. Seguramente el divino Hipócrates la habría escogido como templo del silencio.
También el discurso silencioso de las cosas que forman la decoración de las estancias es un lenguaje mudo del alma. En su Le Monde du silence, Max Picard escribe: Cada objeto tiene en sí un fondo que viene de más lejos que la palabra que designa el objeto. No es posible acceder a ese fondo de otra manera que por medio del silencio. Hay muchos objetos que hablan al alma de manera silenciosa: las ventanas, las vidrieras, los espejos, las lámparas de noche, los retratos antiguos, el acuario, las perlas… – Para Georges Rodembach, autor de Le règne du silence, la habitación es un fasto de silencio hecho de materiales inertes. Y a ellas les dedica estos versos: Las habitaciones son en verdad ancianos / sabedores de secretos y de historias (…) / que han ocultado tras las vidrieras oscuras, / que han escondido tras los espejos.