Las esperadas declaraciones del expresidente del Gobierno han dejado claro lo que él quería decir, sobre todo a los suyos: que él no desea una gran coalición PP-PSOE, que considera inviable, aunque ninguno de los dos debiera impedir el gobierno del otro, pero que tampoco desea una coalición PSOE-PODEMOS, partido contra el que carga con vehemencia. Ya es esto muy importante, después de que el PSOE se ha entendido con PODEMOS en todos los Gobiernos autonómicos y ayuntamientos que ha podido. Por eso no dejan de ser hipócriitas la conducta antipodemista de los barones socialistas que deben sus presidencias a este partido, y la misma referencia de González a la pinza de PODEMOS con el PP en Andalucía, cuando en otros muchos sitios el PSOE ha hecho no sólo pinzas, sino cadenas y hasta argollas con PODEMOS contra el PP. Ni deja tampoco de ser injusta, por lo general e imprecisa, la acusación al presidente Rajoy -al que pone como chupa de dómine a lo largo de las declaraciones- por su inmovilismo en Cataluña frente a no sé que diálogo. ¿Diálogo sobre qué? ¿Sobre el monólogo independentista? ¿Diálogo como aquél entre R. Zapatero y P. Maragall? – Lo que quiere decir que un político de partido, y más cuanto más relevancia tenga, difícilmente busca en sus intervenciones públicas la verdad de las cosas y de los acontecimientos, sino el interés y la verdad interesada del partido al que se debe.