Ya en la Teogonía de Hesíodo, las distintas razas de hombres (oro, plata, bronces…), que se suceden unas a otras, se condenan por su hybris: desmesura, orgullo sobrehumano, exceso impropio del hombre. Y el historiador Heródoto nos hará ver cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición, al igual que lanza sus rayos contra los más altos edficios y los más altos árboles.
El libro del Génesis, capítulo 3, nos cuenta cómo Adán y Eva, no contentos con ser imagen de Dios, tentados por la serpiente, quisieron ser como dioses y comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal. Asimismo, el profeta Ezequiel (28, 2-9) cuenta una historia similar en su condena del príncipe de la antigua y próspera ciudad de Tiro. Su éxito en el comercio le condujo a tener una alta opinión de si mismo, lo que provocó violencia y explotación en sus dominios, le llevó a la perdición hasta perecer en manos de sus ejecutores: Porque tu corazón es orgulloso / y hayas dicho «Soy un dios, / me siento en la sede de los dioses, / en el corazón de los mares», / eres un solo mortal, no un dios, /aunque compares tu mente /con la mente de un dios.
La hybris, aunque es el exceso, la desmesura mayor del hombre público, su pecado (en lenguaje religoso) por excelencia, apenas tiene entrada en el vocabulario político. Sería seguramente demasiado fuerte aceptarla, darla por existente, autoacusarse de tan inhumano delito. En cambio, una las virtudes opuestas a la hybris, la humildad, que denota el humus, la tierra, el suelo de la realidad y de la limitación humana, y que durante siglos estuvo arrinconada como virtud pasiva, propia de espíritus raquíticos, casi inhumanos por defecto, tiene desde hace tiempo una buena entrada y una cabal aceptación entre los progresistas, como virtud media aristotélica, entre el orgullo del superhombre (la hybris) y la falta de autoestima, de hombría moral. Al menos, teóricamente, porque entre los hombres atacados por la hybris raros son en verdad los casos de las conversiones a la humildad.