La huelga de Bandas

 

Me envía José Antonio Osaba, con quien me encontré hace poco en un cursillo en Casa Nazaret, en Torremocha del Jarama, la segunda edición, a 51 años de la primera, del libro Nuestra huelga. Se trata de la huelga de los trabajadores de Laminación de Bandas Echévarri, que duró 163 días -una marca en España-, desde el 30 de noviembre de 1966 a 15 de mayo de 1967: 163 días -como se dice en la portada- de lucha obrera contra el capitalismo fascista del Estado Español, Fue una huelga legendaria para todos los que, desde fuera, supimos de ella, como legendario fue su líder, Osaba, que en un momento  dado tuvo que escapar a Francia para no ser capturado. Sólo el estado de excepción en Vizcaya, de 22 de abril de 1967, con su cadena de deportaciones, encarcelamientos, detenciones, retiradas de carné, multas y despidos, acabó con ella.

Toda la historia de la huelga, que llena la primera parte del libro, es interesantísima, vista sobre todo desde ahora, y es un documento precioso para la historia obrera y sindical de aquel tiempo. Pero la segunda y tercera parte, escritas como reflexión sobre todo para militantes y para universitarios, muchos de los cuales tomaron parte activa en aquella inmensa rueda de solidaridad cívica que rodeó el conflicto, tienen todavía mayor interés. No me resisto, a transcribir, por ejemplo, el retrato del líder obrero, contrapuesto al tecnócrata, que se dibuja en páginas posteriores: El líder tiene que tener corazón (…) deseo de testimonio personal, capaz de arrastrar a otros a través de su entrega total y sincera a los demás; deseo de amistad con sus compañeros, sintiéndose uno de ellos y respetándolos a todos, con sus defectos y limitaciones; necesidad física de enfrentarse con la injusticia, de indignarse contra toda clase de atropellos; deseo de jugar limpio, de trabajar honradamente por la unidad, de buscar con entusiasmo todo aquello que ayuda a la liberación de sus hermanos; voluntad de no aburguesarse y de procurar reducir en los demás la influencia de las evasiones egoístas fomentadas por el capitalismo.

Libro-documento, con gran riqueza de anexos testimoniales, es también un libro-reflejo de la lucha obrera de aquel tiempo en ciertas partes de la Península o del Estado Español, o de algunos Pueblos de España, como se escribía entonces. Y también de un pensamiento revolucionario, de inspiración humanista y cristiana, con toda la ingenuidad y hasta falta de autocrítica que hoy podamos cómodamente constatar. Para ello el examen del lenguaje es muy conveniente. Así como el repaso de autores y modelos que aparecen en uno u otro tramo de la obra: Regis Debray, Ernesto Che Guevara, Alfonso Carlos Comín…

Ninguno de los responsables de la huelga pertenecía a partido o sindicato alguno, sólo uos pocos a la HOAC (Hermandad de Oberos deAcción Católica). En un segundo prólogo escrito sólo hace unos meses, los supervivientes de aquel acontecimiento recalcan intencionadamente la relevancia de las conductas y conciencias personales de los diversos actores en juego, dentro de la lucha de la clase obrera frente a la clase alta y sectores de la media: No se trata ahora de revivar odios ni rencores, ni de juzgar conciencias, sino más bien de aportar algo de luz al eterno debate acerca de la existencia de la responsabilidad propia, de la irrenunciable conciencia personal. La huelga de Bandas representa algo así como un catálogo de los divesos comportamientos humanos presentes en todas las épocas, y que van desde la recta conciencia, la generosidad y la valentía plenas, hasta las formas más depuradas de opresión, cobardía y sumisión de las que somos capaces los seres humanos.

Un testimonio, a todas luces excepcional.