Jóvenes socialistas frente a jóvenes comunistas

Era el 20 de julio de 1934. Hacía meses que el PSOE, presidido por Franisco Largo Caballero, junto a la UGT, de la que Caballero era secretario general, y la Federación de Juventudes Socialistas de España, de las que el joven Santiago Carrillo era secretario general y hombre fuerte, preparaban, más o menos secretamente, la insurrección violenta, como ellos la llamaban, a fin de conseguir todo el poder para el partido socialista. En la Casa del Pueblo de Madrid conversaban por segunda vez -la primera fue el 26 de ese mes- una delegación de la UJC (Unión de Juventudes Comunistas): Medrano, Rozado y Zapirain, y de la FJS (Federación de Juventudes Socialistas): Carrillo, Laín y Serrano Poncela. En la primera jornada de las conversaciones la pugna mayor había estado entre las alianzas obreras, que exigían los socialistas, y los soviets, que eran fundamentales para los comunistas. En esta segunda ocasión hablaron también primeramente los tres delegados de la UJC, que coincidieron naturalmente en sus argumentos: En las alianzas obreras faltaban los campesinos, los soldados, los inorganizados, la CNT… Las alianzas no habían estado presentes en las recientes grandes huelgas: de campesinoss, gráficos, metalúrgicos… En la revolución gloriosa de 1917 los obreros rusos no luchaban sólo por la insurrección final, sino primeramente por la paz, el pan, la tierra, igual que ahora en la Unión Soviética. Los soviets, elegidos por el pueblo,  eran la única forma de organización de las masas en la que podían apoyarse los revolucionarios, y así ha ocurrido en la China actual. Frente a las acusaciones de los socialistas, los jóvenes comunistas trambién defienden la revista juvenil socialista Renovación contra las recogidas de la policía, proponen la unificación de ambas milicias y de todo el movimiento sindical disperso. Luchar por reivindicaciones inmediatas, objetivo de las últimas huelgas, no es ninguna clase de reformismo, pero para ello se requiere la organización de los comités de fábrica, campesinos y soldados, base de los soviets. El  frente único que propugnan los comunistas no es sólo, como quieren los socialistas, sólo para el día de la insurrección, sino una necesidad en todo momento de los trabajadores  lo mismo para todas sus reivindicaciones inmediatas como para la conquista del poder. Tampoco, como dicen los socialistas, la huelga general es un arma mellada y, si a la huelga de los campesinos se hubieran añadido los obreros indistriales, podía haber sido un éxito, pero los socialistas no quisieron que fuera así. Reformismo es frenar la acción cotidiana de las masas obreras hablándoles sólo de la insurreccion final, vanagloriándose de ser los campeones de la toma del poder, lo que es imposible sin una buena preparación anterior. Por eso los soviets, al decir de Rozado, son una cuestión de principio fundamental para la lucha victoriosa por el Poder para los obreros, campesinos y soldados, mientras las alianzas obreras no son ni esperanza ni garantía para ello, porque  en ellas no existe la democracia de la discusión de los trabajadores de los Sindicatos. Antes decían los socialistas: Todo el poder para el Partido, mientras ahora dicen: Todo el poder para las Alianzas. Además, la direción de la revolución no incumbe a los jóvenes, sino al partido proletario revolucionario.- Santiago Carrilo fue el único delegado de las JJSS en tomar la palabra y en intentar rebatir lo dicho por sus tres contendientes, tras criticasr muy ásperamente el trato insultante y vejatorio de la prensa comunista para con los socialistas: Los comunistas no queieren compartir  el control de la revolución, sino dirigirla plenamente. Los soviets, además, no son parte de la teoría marxista, sino sólo organizaciones rusas de un tiempo concreto, que, a falta de grandes sindicatos, hicieron sus veces. Los comunistas españoles creen que el proletariado español está a la altura de 1905 en Rusia, cuando está más bien en el 1917 rojo. Por eso las alianzas son revolucionarias, tienen como fin la insurrección y no pueden perderse en otras cosas menores que las distraen: los campesinos están representados por la UGT; los soldados españoles tienen poco que ver con los soldados rusos derrotados en la guerra, hambrientos y vagabundos: los soldados españoles esperan en los cuarteles la hora de la revolución. Por otra parte, los soviets no tienen nada de democráticos: dependen de las directrices de¡  partido bolchevique. Además, en el transcurso del período revolucionario, y luego a través de la dictadura del proletariado, las concesiones democráticas serían suicidas. La huelga general no es más que un buen complemento de la insurrección.- Rozado protestó después por las recriminaciones demagógicas de Carrillo y  sus injurias contra los trabajadores de la URSS, propias de un anarquista, un antisoviético rabioso, o de un burgués. Ambos se reprocharon la falta de voluntad de unidad de acción, y cada uno de ellos dijo lo contrario. Siguió luego la polémica. Hubo, a pesar de todo, actos comunes importantes. Menos de dos años después, las dos Juventudes se unificarían bajo la secretaría general de Santiago Carrillo.