Inmortal en la mortalidad

 

(Una forzosa ausencia de tres días me obliga a adelantar las entradas correspondientes)

 

          El Nobel peruano-español Mario Vargas Llosa, dentro de una amena entrevista que le hace ES, cuando le  preguntan por los libros que quiere escribir, afirma: Uno debe vivir como si fuera inmortal, frase propia de un agnóstico o un ateo, y que  elige el semanario para la portada. El célebre como si de la historia de la filosofía. Pero a renglón seguido Vargas LLosa se sumerge  en la mortalidad, que ateos, agnósticos y creyentes compartimos de por sí: Yo creo que ese estado de ánimo es el bueno: mantener proyectos y que la muerte sea como un accidente que viene a interrumpir un proceso vital. Lo ideal es que la muerte te encuentre trabajando, planeando cosas y empeñado en una tarea de tipo creativo. Esto lo han dicho muchos escritores cristianos y hasta Santos Padres. La muerte como accidente en el camino de la mortalidad a la inmortalidad regalada por Dios es un pensamiento central de la teología cristiana, y religiosa en general.