Acabo de escuchar sus dos discursos, breves, rigurosos, certeros, soberbios, frente al candidato independentista y xenófobo, Quim Torra. Iba a decir que perfectos. La réplica ha sido tal vez el apóstrofe más puro y conmovedor que he oído de entre los miles que me ha tocado oír en mi vida. Si pectus est quod dissertos facit, como decía el gran orador Cicerón, el pecho, el aliento, el corazón de Inés Arrimadas ha generado hoy una fuerza, que está a muchos grados por encima del resto de los oradores, que hoy parecían, si buenos habladores o recitadores, vulgares administradores de las palabras o buenos lectores de sus apuntes. Y más que nadie, el candidato títere, lector de plumas ajenas, débil replicador y triste impenitente de sus errores xenofóbicos; Si alguno se sintió ofendido…, tras insultar y ofender a millones de catalanes por activa y por pasiva. En este punto, aunque también en cuestiones de la administación y política diaria, Arrimadas ha mostrado su mejor capacidad persuasiva, su más emotiva vehemencia, propìa de los mejores rétores. Escucharla esta tarde ha sido una suerte memorable y hasta inolvidable. Tan poco acostumbados estamos a este arte de decir –ars dicendi-, que ver y oír a esta mujer inteligente, valerosa y bella, asi como política admirable, me ha conmovido en verdad.