Imposición del vascuence/euskara en la escuela

 

           Ayer se congregaron en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona centenares de niños, educadores, padres, abuelos, parientes, amigos y vecinos para protestar contra la «chapuza», la «cacicada», la imposición arbitraria y abrupta, de golpe y plumazo, sin contar con nadie, del vascuence/euskera/euskara en dos de las escuelas infantiles de Pamplona, que enseñaban en castellano, con pérdida de 214 plazas. Y contra el traslado impuesto, también por las bravas, de una escuela de castellano de un barrio a otro, perdiendo además 41 plazas que ofrecía en castellano-inglés de media jornada. Ya el hecho de que las dos escuelas llevaran el nombre en vasco, en medio de una población de inmensa mayoría castellano parlante, Donibane (San Juan) y Printzearen Harresi (Fuerte del Príncipe), nombres tradicionales castellanos, algo dice del irrealismo, de la moda imperante y del conformismo silencioso general de ciertos sectores de la llamada ciudadanía. Pero, pelazos a la charca,  vamos a lo que íbamos.  En las pancartas podía leerse: No a la imposición de los modelos lingüísticos; ¡Cabemos todos!; Queremos inglés en Rochapea; No me echéis de mi escuela… Silbidos, pitos y gritos al alcalde del «Ayuntamiento del cambio a peor» (ésta es fórmula mía): Asirón / no a la imposición. El manifiesto leido reconoce, cómo no,  la necesidad bien fundada de un aumento de la oferta educativa en euskera, pero no queriendo eliminar las plazas de castellano, porque ni es ético ni ajustado a la realidad social hacerlo cerrando dos escuelas en castellano. (Podían haber añadido, de alguna manera, el concepto de que el irrealismo es una nota esencial de todo sectarismo, de todo fanatismo). Reconoce, además, el manifiesto que el cambio del «Ayuntamiento del cambio a peor» no obedece a ningún estudio sociolingüístico independiente, e ingenuamente afirma la necesidad de aumentar el número de plazas en vascuence/euskara conforme al resultado del estudio que el Ayuntamiento va a realizar esta primavera, destacando al mismo tiempo la necesidad de ajustar tarifas y  baremos a la realidad social de las familias. ¡Y un jamón con chorreras! – Patetica, además de exquisita, es la carta que escribe hoy en DN la veterana maestra Begoña Quintanal, con 37 años en la escuela Fuerte del Príncipe, una de las promotoras de la creación de las  Escuelas Infantiles, inspiradas en las de Regio Emiiia (Italia), que estas maestras magistrales conocieron e imitaron de cerca, y que han sido dechado pedagógico en toda España…, obligada ahora, con otras de sus compañeras a sentirse viejas, mayores, relegadas, inútiles, carcas; reubicadas como correturnos, como muebles viejos… Qué razón tiene doña Begoña cuando escribe que estamos llegando al día en el que, por encima de las personas, están las ideologías, llevándonos a la aniquilación. ¡Sólo que la ideología en este caso se llama nacionalismo/independentismo vasco!