Muchos, y yo mismo, hemos llamado genocidio a lo que el Gobierno de Israel -¡no los judíos ni los israelitas!- está llevando a cabo en Gaza. Seguramente que muchos de nosotros no nos hemos basado en seguras fuentes jurídicas internacionales, sino en la convicción natural de que se trata de terminar con todo un pueblo, recordando también que el mismo presidente de los Estados Unidos de América, de acuerdo con ministros e ideólogos israelitas, ya adelantaron su propósito de echar a los habitantes de la Franja y convertirla en un resort de recreo y molicie, una vez barridas las inmensas ruinas de la guerra, y admitidos unos cuantos miles de siervos árabes para servir los hoteles, las saunas, los casinos, los prostíbulos… del resort (complejo hotelero).
En la Convención por la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio (ONU,1948) se entiende por genocidio la comisión de actos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal. Y nuestro diccionario de la lengua lo define con mayor claridad si cabe: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad.
Está claro que Gaza es un pueblo (grupo nacional o humano) y que alguien está exterminándolo y eliminándolo, como un día exterminaron y eliminaron dos ciudades enteras, Hiroshima y Nagasaki, las bombas que allí arrojó él ejército de los Estados Unidos de América. O como sucedió en el Holocausto judío, Armenia o Rwanda. Pero en la intención de destrucción, en el motivo múltiple de la definición de nuestra Academia está el busilis. ¿El Gobierno de Israel extermina y elimina Gaza por alguno de esos motivos enumerados? Es difícil probarlo. Porque el motivo capital del Gobierno israelí es responder al intento genocida de Hamás, el 7 de octubre de 2024, y. en general, a su constante intento genocida de acabar con el Estado de Israel -¡Del río al mar!-, para lo que está buscando al enemigo, que no distingue nunca entre civiles y combatientes, en todos los rincones, casas, refugios, hospitales, escuelas, túneles… del territorio y buscando los cadáveres y cuerpos vivos de los 48 rehenes judíos que el grupo terrorista Hamás no ha querido entregar.
Que se han violado todas las normas humanas que rigen en las guerras es evidente. Y que, igualmente, se trata de crímenes de guerra, y hasta de crímenes de lesa humanidad (muertes por hambruna y por sistemáticos ataques contra civiles). Que pueda ser probado el genocidio -tras indicios claros- por alguno o algunos de esos motivos no lo tengo muy seguro. Y aquí sí que vendría como anillo al dedo una declaración del Tribunal Penal Internacional de La Haya. la más adecuada institución para ello.