Tenía yo un compromiso con Gerardo Brun, a quien conocí hace muchos años, desde que en Puente la Reina celebramos, sin su presencia pero sí con la de sus hijos, el 50 aniversario de su Santiago peregrino. Le visité ayer en su casa taller de Izurdiaga, próxima al próximo paso elevado, que va a sustituir por fin el peligroso paso sobre las vías del tren. Conversador impertérrito y lleno de humor, sus ochenta años son un número más en su dilatado e inacabado quehacer. Comenzamos por el museo del jardín o jardín-museo donde maduran, entre árboles frutales y de adorno, las esculturas del artista en hierro o en cemento forrado de hierro: desde un imponente San Francisco Javier, un macizo San Juan Bautista, pasando por un jocundo San Juan Pablo II, hasta la simplicidad de un Crucifijo románico o de un precioso Belén en puro hierro. Bien se ve por lo que resumo que Gerardo Brun es un artista profundamente religioso y cristiano, que ha hecho de la devoción un arte y un arte de la devoción. Todo el espacio de la vivienda está al servicio de la forja (de forger) del hierro, que arrastra un apellido de forjadores desde el siglo XVIII, partiendo de la Ribera, pasando por Pamplona y Villava hasta llegar a Irurzun y su feria, A estas horas el fuelle gigante está en reposo y también la fragua, el corazón del conjunto artístico-fabril. En las amplias estancias que completan la exposición del jardín hay cientos de piezas salidas de las manos y de los martillos de Gerardo. tal vez demasiadas, como él mismo confiesa, porque ni la vista ni la atención pueden con todas ellas: desde una amplia imaginería religiosa hasta lámparas, letreros, rótulos, rejas, puertas, marcos, cuadros, vasos, sillas, mesas, llaves, flores, bisutería…, todo lo que se puede llevar y traer, ver e imaginar, y todo en hierro. En el conjunto de esta muestra-exposición Gerardo ha ido guardando su propia obra, no vendida (y réplicas de la vendida, expuesta, inaugurada, premiada por aquí y por allí), la de sus hijos y algunas de sus muchos alumnos en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona. Y. junto a las obras de arte, los mil utensilios fabriles, cuyos nombres quisiera uno poder saber para conocer los secretos de la forja y valorar mejor el trabajo de varias vidas de estos artesanos forjadores, ya excepcionales en la vida de hoy. Obras y útiles que sirven también de exposición, magisterio y prácticas para los colegios que visitan la casa-forja y museo de Izurdiaga y aprenden los rudimentos de la fundición y las maravillas de arte tan cotidiano, tan útil y tan desconocido. – Ah, sí, me olvidé de firmar en el libro de honor de Forjas Brun. Si hubiera firmado, hubiera felicitado a estos forjadores de primera línea, padre e hijos, que forjando el hierro, han forjado sus vidas y, en parte también, las vidas de la comunidad a la que han servido y siguen sirviendo.