Epopeya y comedieta vascas

 

          Me aburro recorriendo las interminables páginas, a mitad del II tomo, de  de los tres que componen la obra cumbre del novelista comunista vizcaíno Ramiro Pinilla, Verdes valles, colinas rojas (2005), que tiene por centro el Getxo de finales del XIX y primera mitad del siglo XX. Y recuerdo con gozo el I tomo, que tanto me gustó. Y no es que a ese tomo no le sobren páginas, pero tenía la frescura, el garbo y el humor de esa especie de epopeya autocrítica (¡un oxímoron!) vasca, con el Ama, Cristina Oiandía, mal casada con Camilo Baskardo, como símbolos del Origen del Pueblo Vasco, del Principio del mundo: sabinianos, tradicionales, racistas, dominantes, exclusivos y excluyentes, hombres de la madera y del hierro a la vez. Frente a ellos aparecen de no se sabe dónde dos advenedizas –Ella y Madia o Magda-, que rompen el matrimonio Onaindia-Baskardo, hacen enloquecer a sus tres hijos, tras el retorno del primogénito de la India; se apoderan de los varones del caserío Altube, y crean una línea de bastardos maketos, convertidos también en hombres del hierro, que compiten con los primeros en las finanzas, en las empresas navieras y hasta en el gobierno de la Provincia. Inolvidables personajes son los Sugarkea, más tradicionales aún que los vecinos Baskardo: paganos todavía, aislados y hasta desnudos. Isidora, la joven heroína minera de La Arboleda, de la que se enamora otro Altube y son los protagonistas de un autentico relato de realismo mágico, expresión literaria de las primeras huelgas y luchas en la zona minera de Vizcaya. O Teresa, la hija prostituta de Isidora y sus conmovedores encuentros con el joven maestro don Manuel, verdadero comodín del novelón O el episodio garciamarquiano del regalo de las llamas sudamericanas, invasoras de Getxo y la huída del macho al monte Gorbea. O los típicos curas, amigos del Ama, barojianos naturalmente: don Eulogio del Pesebre (del Niño Jesús) y su coajutor don Estanis, cazador. O el tronco gigante y enigmático que trajo el mar y  que hace de mostrador de la Venta, verdadero centro socializador del pueblo…- Veré lo que da de sí el resto de la obra, pero el primer tomo merece más de una lectura regocijada y reflesiva, porque se trata de una obra única en su género.