Jugábamos de niños a romper
los carámbanos
-chinchurros los llamábamos-,
de hielo,
con palos, con escobas,
o con útiles de hierro.
Eran enemigos peligrosos
que arrojábamos al suelo.
La nieve era una amiga
pero no el hielo,
pero no los carámbanos hirsutos,
inminentes, afilados,
que nos daban mucho miedo.
Qué risas
cuando los quitábamos
de en medio…
***
Reina el sol
sobre el circo de picos
nevados.
La nieve
hace los montes
más altos.
Los eleva
hasta las cimas
de lo sagrado.
Un ángel, una diosa,
y hasta el Dios cristiano
se nos hacen posibles
y hasta cercanos.
La nieve nos vuelve
contemplativos,
sosegados,
silenciosos,
y a menudo
más que humanos…