En el Guggenheim de Bilbao recorro la exposición sobre el expresionismo abstracto norteamericano. Por cierto, delante de mi va una familia, cuya nacionalidad desconozco, con dos niñas, de tres a cinco años, que llevan la audioguía, casi tan larga como sus brazos, y se la ponen tan formales al oído: no sé qué entenderán, pero algo comenzaráan a entender. A punto de dar fin al recorrido por las salas del segundo y del tercer piso, contemplo de cerca un cuadro, ni mejor ni peor que los otros, siempre pegado a la audioguía: me hablan de ciertas huellas de las pinturas del paleolítico-neolítico, de la semifigura de un toro…, y me parece que veo todo eso. Pero pronto compruebo que ese no es el cuadro descrito, sino el cercano a él; vuelvo a la audioguía y esta vez me cuesta ver las huellas paleo-neolíticas, el toro, etc. Lo confieso: he confundido dos cuadros, dos artistas, dos estilos. Tal vez la atenuante puede ser que me he perdido entre expresionistas abstractos… Al final, creo ver un Miró… y es Adolph Gottliebt, otro expresionista abstracto norteamericano, algo más joven que el mallorquín…