En la sala de los Madrazo, del Bellas Artes, de Bilbao. brillan con luz y color propios el abuelo, José, con el Retrato de cardenal Francisco Javier Gardoqui, narizón y rojo por entero de cardernalato, y el más conocido de sus hijos, Federico. con varios retratos, incluido el de su madre: entre otros, el esplendoroso Retrato de dama en azul. En estos meses, se ha añadido, traido del Museo Carmen Thyssen, de Málaga, como cuadro invitado, el de Raimundo de Madrazo (1841-1930,), hijo de Federico, Salida del baile de máscaras (c. 1885), óleo sobre tabla, que representa una escena parisiense. Una escena nocturna, iluminada por el brillo de las ampollas de la fachada del local, de nombe Valentia: del vestíbulo de la misma; del farol del próximo «Hotel du Nord»; del casco de un soldado; del lomo del caballo plateado que lleva la diligencia parada ante la puerta del salón de baile, y de los atavíos de una joven dama, acompañada de un caballero con sombrero de copa, cuyo rostro recuerda al del artista. Qué viveza y tensión de realidad. Raimundo de Madrazo, que vivió buena parte de su vida y murió en París, fue, como su padre, un pintor de minucioso realismo, un retratista elegante y refinado, muy apreciado en Francia, varios de cuyos cuadros se exponen en el Prado de Madrid. Pero sus obras no fueron sólo retratos, como lo demuestra éste, del que hablamos, de gran calidad. Basta compararlo con otro titulo de un pintor posterior, José García Ramos, propiedad del mismo museo malagueño, titulado Salida de un baile de máscaras (1901), cuadro abigarrado y colorista, realista sí, pero sin pizca de la magia del de Madrazo.