Quisieron guardar los despojos del buen rey Sancho VII el Fuerte, el de las Navas de Tolosa (1194-1234), el Hospital de Roncesvalles, la abadía cisterciense de La Oliva y el Cabildo de Tudela. Ganó el primero, cuya iglesia había sido levantada por el monarca.
Su sobrino Teobaldo I mandó hacer el mausoleo y colocarlo en el interior del templo. Cuatro siglos después, desapareció, y, casi tres más tarde, la lápida rescatada (1892) se emplazó en la sala capitular o capilla real (1912), bajo la bóveda gótica de terceletes.
La efigie real, tallada en tamaño natural (2´25 m. de altura), maltratado el rostro, lleva corona en la cabeza, vestimenta regia, la mano derecha sobre el pecho, la espada guerrera en la izquierda, y las piernas cruzadas como símbolo de poder. La vidriera del inevitable Maumejan (1906) recuerda la sonora batalla vencedora contra el miramamolín almohade Al-Nasir.
Este enorme rey navarro dejó grandes tesoros y alcanzó muchas riquezas y vajillas.
Pero también
fizo guerra a los moros
ganando sus fortalezas
e sus villas.