El relato (I)

 

          Recogía hace unos días EP los testimonios de tres alcaldes vascos, el de Ermua (PSE-PSOE), San Sebastiáin (PNV) y Rentería (Bildu) sobre  ETA, su historia y su presente. El más categórico era el tercero, el de casa, que ha hecho algunos gestos de convivencia y de comunicación con todos sus concejales: No va a haber acuerdo sobre el relato, pero sí un mínimo ético que logre cohesión social y eso se produce desde abajo. El segundo confiesa, tras  recordar el  impacto del asesinato del popular Ordóñez, de quien ha hablado alguna vez con  concejales «abertzales»: Es muy difícil ponerse de acuerdo. Son presos de su estrategia. Como les cuesta  reconocer su equivocación, se atrincheran en el conflicto, cuando está claro que ETA tuvo una estrategia de ataque a quienes no pensaban como ellos. Tendrán que reconocerlo. Y el benemérito alcalde de Ermua, indignado de que equiparen a víctimas y verdugos y comparen el dolor de los asesinos de Miguel Ánge lBlanco con el dolor que causó su asesinato, reflexiona: Sortu admite que ETA dañó a las personas. Pero no que hubo una persecución contra quienes no pensábamnos como ellos. No reconocen el totalitarismo de ETA porque supone admitir su error y se atrincheran en la tesis del conflicto. Y se muestra pesimista sobre la posible convergencia con ellos en la memoria de lo sucedido: lo que es perjudicial porque no aclaramos a los jóvenes que ETA fue totalitaria y sus militantes no son héroes.

Pero ¿qué es el relato?