El relato (y II)

 

       Toda nuestra vida es un conjunto de relatos contados. El carácter narrativo es esencial a la experiencia humana. Creamos así conocimiento sobre la realidad heterogénea y aparentemente contingente en la que estamos arrojados, en la que participamos, a la que  intentamos interpretar y darle un sentido  desde una perspectiva encarnada y parcial. Nuestro propio yo no nos es inmediatamente transparente, como pensaba Descartes, y nuestra experiencia de vida es el objeto de múltiples interpretaciones narrativas dinámicas. Como lo es cualquier otra experiencia de vida. El relato final de la experiencia personal o colectiva sigue contándose por medio de muchos relatos verídicos. El hecho de someter la realidad que nos rodea al poder explicativo del relato nos permite establecer zonas de inteligibilidad y de coherencia que nos explican el porqué de los acontecimientos, pero sobre todo nos permite interactuar con el mundo  y los unos con los otros, asignando valores subjetivos al mundo y al modo en el que nos proyectamos a nosotros mismos, como sujetos particulares en situaciones narrativos significativas, reales o imaginarias. Identidad narrativa llama a la del hombre el filósofo francés Ricoeur. Del relato y de su calidad, de todos los relatos y sus calidades dependen nuestras vidas y la vida de toda sociedad.