Pregunto a quien sabe mucho más que yo sobre tantas de estas cosas tristes, confusas, irracionales, extrañas, iracundas, violentas, belicosas… de la politica de cada día, que nos están pasando. La verdad que me interesan poco en cuanto a su sustancia insustancial, pero mucho en cuanto a su ulterior significación, en cuanto la anécdota fútil deviene en categoría. Y, con una gran paz, un leve levantamiento de hombros, serena la voz y palabra lacónica, me contesta así de evangélicamente: ¡El que a hierro mata, a hierro muere!