Quiero ver al niño
como nació:
los ojos cerrados
-capullos sin flor-,
menudito y débil,
como el que lloró
y en manos de su madre
tembló.
Pero los pintores,
entre los mejores,
le pintan mayor,
con mofletes de colores
y con toda suerte
de primores.
Y no.
Que le quiero ver
menudito y débil,
como nació.