La FAO lleva tiempo avisando que en el mundo se desperdician 1.300 millones de toneladas al año. Un tercio del total. Y que en el año 2050 nuestrro planeta necesitará 71 millones de hectáreas de cultivos adicionales para alimentarse. Será la ahora de África, que posee el 60 por ciento de esa tierra tan necesaria, que necesitará llevar a cabo inmensas inversiones en infraestructuras para extender el regadío. De ahí que el Banco Mundial pida crear un mercado de alimemtos en 2030 de un billón de dolares para abrir la puerta a la entrada masiva de capitales, empresss y tecnología extranjera. Pero ¿a quién beneficiará tal operación, si está controlada por especuladores financieros de Londres, Nueva York y Pekín? Utilizar las tierras agrícolas africanas para exportar principalmente, mientras millones de personas en el mismo continente se mueren de hambre, y echar a los campesinos de sus campos para dárselos a inversores de fuera, no parece el mejor remedio. Pero ya el oeligro es una reaalidad. Una de las realidades más graves en el mundo de hoy, que pasa casi totalmente inadvertida en la conciencia de la mayoría: Sesenta millones de hectáreas del continente africano, algo más del tamaño de España, han sido vendidas ya a extranjeros para su explotación, dejando fuera a las poblaciones rurales que las habían trabajdo con medios rudimentarios para su pobre subsistencia.