El último…

Suele abusarse de este adjetivo superlativo modal para expresar la eminencia singular, en sentido cultural-espiritual, de alguien todavía superviviente en una comunidad concreta, o  que acaba de morir dentro de ella: el último romántico, el último caballero, el último cómico, el último sabio… No. Penúltimos puede haber muchos. Pero el último nunca sobrevive. El último nunca muere.