Después de tantos años rebatiendo a ETA-BATASUNA el argumento-trampa del conflicto y del conflicto político, ahora resulta que los voceros y negociadores del PSOE, mentes rudas y domesticadas, les dan a etarras y etarristas la razón de la sinrazón por medio de la obediencia servil a la exigencia de los independentisas de ERC.
Con lo cual dividen y reparten la responsabilidad de los delitos del independentismo catalán entre los delincuentes separatistas, ya condenados en buena parte por la Justicia independiente españaola, y los partidos constitucionalistas españoles, entre ellos el PSOE.
Y mucho más que eso. Como los independenistas catalanes entienden la política separada de la justicia y meramente como un diálogo tramposo infinito, sin reglas, sin normas y sin límite democratico alguno, tales negociadores, que así piensan y así hablan, se olvidan de la Constitución, reniegan del Estado democrático de Derecho de 1978, y se entregan, en principio, atados de pies y manos, a una mesa de negociación tramposa, ilegal y vergonzante.
Sí, señor Ábalos, buen vasallo si oviera buen señor, hay un conflicto político en Cataluña. Y mucho más que político: personal, familiar, autonómico, social, moral… Un conflicto de convivencia, como Pedro Sánchez y muchos líderes socialistas -que parecen no entender las palabras que pronuncian- han dicho cien veces en los últimos meses. Y un conflicto de aversión, de odio y de venganza. Un conflicto de supremacía, a veces violento. Un conflicto de sedición y malversación de caudales públicos, como ha sentenciado el Tribunal Supremo. Y un conflicto de rebelión, como sigue manteniendo la Fiscalía general del Estado y muchos de nosotros, porque la violencia no es hoy sólo la de los fusiles y cañones de octubre de 1934.
A no ser, señor Ábalos, que haya querido usted decir todo esto con la expresión de conflicto político.